/ sábado 20 de octubre de 2018

Deshojando la margarita

Cuando el presidente Peña Nieto decidió la construcción en Texcoco del nuevo aeropuerto de la CDMX, se formuló un proyecto de inversión por 169 mil millones de pesos. La idea se originó por 2 razones fundamentales. La primera por la necesidad de desahogar el tráfico aéreo de la zona metropolitana y la segunda para contar con un aeropuerto moderno que facilitará el flujo creciente de usuarios y mejorará nuestra imagen.

A pesar de que parezca increíble, nuestro país escaló en los últimos años muchos escalones como receptor de turistas extranjeros, pasó del lugar quince al sexto y, eso es un enorme paso, que no muchos países pueden darse el lujo de lograr.

Cuando uso el calificativo de increíble, me refiero a la mala imagen que ha expuesto a nuestro país como un lugar inseguro, sean por las razones que fueren. La inseguridad que se vive es evidente y es un desmotivador para seguir recibiendo más turistas, a pesar de ello, la industria turística se ha situado como una muy importante fuente de ingresos y generador de divisas.

A varios años de iniciada la construcción del aeropuerto se reporta un avance de obra del 30%, equivalente a una inversión de 85 mil millones de pesos y está generando alrededor de 45 mil empleos, a pesar de lo cual se considera la posibilidad de cancelarlo a un costo estimado de 120 mil millones de pesos, lo cual es una cifra demasiado onerosa para el país.

Desde la campaña del ahora Presidente Electo, siempre se manifestó en contra de la construcción del nuevo aeropuerto, lo que causó una fuerte polémica con el sector privado al exigir la continuación de la obra.

Semanas después fumaron la pipa de la paz y acordaron sujetarse a la opinión de los expertos en la materia. La posición entonces se flexibilizó, dejando abierta la posibilidad de continuar con la construcción, siempre y cuando los dictámenes técnicos avalaran su viabilidad y que la inversión faltante se hiciera con recursos del sector privado.

Ha pasado el tiempo y la controversia aún continúa y parece que seguirá hasta que se den a conocer los resultados de la consulta pública que se hará en un par de semanas. Lo que podemos ver detrás de esta controversia es que el tema se politizó y se ha hecho acompañar por un ingrediente de ecología y preservación del hábitat natural de muchas especies de aves.

Se han dado a conocer diversas opiniones de los actores involucrados con el nuevo aeropuerto, los ingenieros mexicanos se han pronunciado en forma inconsistente, algunos le dan viabilidad y otros no lo avalan. El Sindicato de Pilotos Aviadores afirma que el nuevo aeropuerto no presenta problema alguno de tráfico aéreo y coinciden en que es seguro.

Los controladores aéreos también avalan el proyecto, pero como las opiniones de los de casa no son suficientes, se ha recurrido a organizaciones del exterior para saber lo que opinan. Y resulta que al menos los resultados que yo conozco son favorables.

La posibilidad de que se construya el nuevo aeropuerto en la Base Militar de Santa Lucía abre más polémica y, hay quienes dicen que es factible y más barato, pero también hay opiniones encontradas que señalan su inviabilidad.

Mientras son peras o manzanas, el nuevo gobierno anunció que el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019 incluirá 5 mil millones de pesos para remodelar el actual aeropuerto de la CDMX y el de Toluca.

Creo que detrás de toda esta polémica existen muchas cuestiones y detalles técnicos que hacen dudar sobre la viabilidad de uno u otro nuevo aeropuerto, hay además cuestiones ecológicas que tienen un gran peso en la decisión y, desde luego, el tema presupuestal es muy relevante.

Tampoco podemos olvidar los reclamos de los habitantes de los municipios que se dicen afectados por la construcción del nuevo aeropuerto, pero también, debemos considerar los beneficios que se tendrían con su operación.

Sin duda estamos enfrente de un tema de difícil resolución y, que de acuerdo a la óptica del Presidente Electo, lo resolverán los ciudadanos de todo el país, a través de la consulta sobre si se debe o no construir el nuevo aeropuerto de Texcoco. En fin, estamos a un par de semanas de saber el curso que tomará este importante asunto y, pues que sea lo que más convenga a los intereses del nuestro país.

Cuando el presidente Peña Nieto decidió la construcción en Texcoco del nuevo aeropuerto de la CDMX, se formuló un proyecto de inversión por 169 mil millones de pesos. La idea se originó por 2 razones fundamentales. La primera por la necesidad de desahogar el tráfico aéreo de la zona metropolitana y la segunda para contar con un aeropuerto moderno que facilitará el flujo creciente de usuarios y mejorará nuestra imagen.

A pesar de que parezca increíble, nuestro país escaló en los últimos años muchos escalones como receptor de turistas extranjeros, pasó del lugar quince al sexto y, eso es un enorme paso, que no muchos países pueden darse el lujo de lograr.

Cuando uso el calificativo de increíble, me refiero a la mala imagen que ha expuesto a nuestro país como un lugar inseguro, sean por las razones que fueren. La inseguridad que se vive es evidente y es un desmotivador para seguir recibiendo más turistas, a pesar de ello, la industria turística se ha situado como una muy importante fuente de ingresos y generador de divisas.

A varios años de iniciada la construcción del aeropuerto se reporta un avance de obra del 30%, equivalente a una inversión de 85 mil millones de pesos y está generando alrededor de 45 mil empleos, a pesar de lo cual se considera la posibilidad de cancelarlo a un costo estimado de 120 mil millones de pesos, lo cual es una cifra demasiado onerosa para el país.

Desde la campaña del ahora Presidente Electo, siempre se manifestó en contra de la construcción del nuevo aeropuerto, lo que causó una fuerte polémica con el sector privado al exigir la continuación de la obra.

Semanas después fumaron la pipa de la paz y acordaron sujetarse a la opinión de los expertos en la materia. La posición entonces se flexibilizó, dejando abierta la posibilidad de continuar con la construcción, siempre y cuando los dictámenes técnicos avalaran su viabilidad y que la inversión faltante se hiciera con recursos del sector privado.

Ha pasado el tiempo y la controversia aún continúa y parece que seguirá hasta que se den a conocer los resultados de la consulta pública que se hará en un par de semanas. Lo que podemos ver detrás de esta controversia es que el tema se politizó y se ha hecho acompañar por un ingrediente de ecología y preservación del hábitat natural de muchas especies de aves.

Se han dado a conocer diversas opiniones de los actores involucrados con el nuevo aeropuerto, los ingenieros mexicanos se han pronunciado en forma inconsistente, algunos le dan viabilidad y otros no lo avalan. El Sindicato de Pilotos Aviadores afirma que el nuevo aeropuerto no presenta problema alguno de tráfico aéreo y coinciden en que es seguro.

Los controladores aéreos también avalan el proyecto, pero como las opiniones de los de casa no son suficientes, se ha recurrido a organizaciones del exterior para saber lo que opinan. Y resulta que al menos los resultados que yo conozco son favorables.

La posibilidad de que se construya el nuevo aeropuerto en la Base Militar de Santa Lucía abre más polémica y, hay quienes dicen que es factible y más barato, pero también hay opiniones encontradas que señalan su inviabilidad.

Mientras son peras o manzanas, el nuevo gobierno anunció que el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019 incluirá 5 mil millones de pesos para remodelar el actual aeropuerto de la CDMX y el de Toluca.

Creo que detrás de toda esta polémica existen muchas cuestiones y detalles técnicos que hacen dudar sobre la viabilidad de uno u otro nuevo aeropuerto, hay además cuestiones ecológicas que tienen un gran peso en la decisión y, desde luego, el tema presupuestal es muy relevante.

Tampoco podemos olvidar los reclamos de los habitantes de los municipios que se dicen afectados por la construcción del nuevo aeropuerto, pero también, debemos considerar los beneficios que se tendrían con su operación.

Sin duda estamos enfrente de un tema de difícil resolución y, que de acuerdo a la óptica del Presidente Electo, lo resolverán los ciudadanos de todo el país, a través de la consulta sobre si se debe o no construir el nuevo aeropuerto de Texcoco. En fin, estamos a un par de semanas de saber el curso que tomará este importante asunto y, pues que sea lo que más convenga a los intereses del nuestro país.

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