/ martes 24 de octubre de 2023

Sociedades con poder de la estupidez

Giancarlo Livraghi, especialista en la cultura humana y de la comunicación, intenta transmitir en su obra a la que ha titulado “El poder de la estupidez” aspectos relevantes que día a día se encuentran presentes en sociedades actuales como la nuestra.

Las ilustraciones de la obra que hemos recogido no son ajenas a ninguna persona, en todo caso son actuaciones que determinan el común denominador de la formas adoptadas por no pocas personas en el interactuar colectivo cotidiano.

Nuestra observación, se trata de experiencias relacionadas a los supuestos y/o planteamientos realizados por Livraghi, vistas en una perspectiva espejo, conductas de personas con las características descritas en la lectura.

Cuando tenemos oportunidad de observar, también tendremos la posibilidad de recoger testimonio directo e irrefutable de ciertos comportamientos extraños, precisamente algunos de los muchos referidos por Giancarlo; en las conductas asociadas en obra del autor, son advertidas en apariencia constructiva o auto analítica, en su mayoría son aquellas provistas de ser deliberadas o involuntarias, por lo mismo, poco inteligentes.

Nuestro actuar ordinario en colectivo de cada día, es el que determina o no a una sociedad inteligente.

Cuando las personas interactuamos de manera deliberada, involuntaria y poco inteligente, solemos hacerlo sin tomar en cuenta todas sus dimensiones que se puedan afectar a terceras personas nuestra conducta; en ocasiones sin tener claro el tamaño del daño que se puede causar. Simplemente actuamos inadecuadamente, sin imaginar el menoscabo generado a personas relacionadas directa e indirectamente del contexto.

El autor citado en uno de los capítulos de su obra, comparte a sus lectores algunas ideas de lo que el ha considerado <<hermanos>> o <<amigos>> antipáticos de la estupidez y la ignorancia, dos condiciones equiparadas e inseparables, las opiniones de hermandad o amistad de esos vicios son: la arrogancia, la presunción, el egotismo y egoísmo, la envidia, la despreocupación, el servilismo, la imitación, el chismorreo, los prejuicios, la mezquindad, la falta de disposición para escuchar y comprender…entre otras formas (in)usuales en el proceder acostumbrado de las personas.

En efecto, el autor profundiza en el análisis de dos conceptos (estupidez e ignorancia) y, otros a los que ha llamado hermanos o amigos antipáticos; sin embargo, habrá que subrayar de manera destacada en algunos de ellos, siendo (in)usual o recurrentemente utilizados por personajes que los protagonizan, como lo son: egotismo, servilismo, envidia o chismorreo. Por citar algunos.

En nuestra sociedad, coyunturalmente, se puede hablar de proyectos de nación prometedores o comprometidos en el acomodo de la jerga política. Planes con un propósito de continuidad en el sistema político; sin dejar de lado otros espacios de interacción colectiva o social, donde encontramos otros vicios: oportunismo o la zalamería siempre presente en el ambiente público.

Parafraseando expresiones en el ámbito político “es normal y legítimo” que alguien este en competencia a “costa de lo que sea necesario”.

Desde luego, serán pocos los que coincidan en esas reglas en el que los competidores pueden allegarse de todo tipo de elementos, esto no debe ser como dice la frase ya muy trillada, “en la guerra como en el amor todo se vale”. Contrario e ello, la honorabilidad y dignidad debe ser parte de ese juego del tablero en una partida de ajedrez en lo político.

Tiene mayor valor, el juego limpio en la disputa por una nación como la nuestra, los daños irreversibles se deben evitar.

Por supuesto eso, eso no debe ser, la (des)legitimidad, como tampoco debe ser normal el juego sucio e inequitativo. En cambio, sí la honorabilidad, así como la integridad ética en personas.

Al tiempo. Está próximo el relevo de los poderes de la unión (ejecutivo y legislativo); al igual que algunos gobierno y legislaturas locales, además de los gobiernos de los más de 2,400 municipios, será nuestro barómetro de lo compartido por Giancarlo. Por lo que no estarán ausentes estos hermanos y amigos antipáticos.

Vale la pena revisar el escenario con el que más nos identifiquemos: el del poder de la idiotez al que hacer referencia Giancarlo Livraghi o a la ética pregonada por Adela Cortina.

Ambos aportaciones en polos opuestos, sociedades modernas como complejas.

Giancarlo Livraghi, especialista en la cultura humana y de la comunicación, intenta transmitir en su obra a la que ha titulado “El poder de la estupidez” aspectos relevantes que día a día se encuentran presentes en sociedades actuales como la nuestra.

Las ilustraciones de la obra que hemos recogido no son ajenas a ninguna persona, en todo caso son actuaciones que determinan el común denominador de la formas adoptadas por no pocas personas en el interactuar colectivo cotidiano.

Nuestra observación, se trata de experiencias relacionadas a los supuestos y/o planteamientos realizados por Livraghi, vistas en una perspectiva espejo, conductas de personas con las características descritas en la lectura.

Cuando tenemos oportunidad de observar, también tendremos la posibilidad de recoger testimonio directo e irrefutable de ciertos comportamientos extraños, precisamente algunos de los muchos referidos por Giancarlo; en las conductas asociadas en obra del autor, son advertidas en apariencia constructiva o auto analítica, en su mayoría son aquellas provistas de ser deliberadas o involuntarias, por lo mismo, poco inteligentes.

Nuestro actuar ordinario en colectivo de cada día, es el que determina o no a una sociedad inteligente.

Cuando las personas interactuamos de manera deliberada, involuntaria y poco inteligente, solemos hacerlo sin tomar en cuenta todas sus dimensiones que se puedan afectar a terceras personas nuestra conducta; en ocasiones sin tener claro el tamaño del daño que se puede causar. Simplemente actuamos inadecuadamente, sin imaginar el menoscabo generado a personas relacionadas directa e indirectamente del contexto.

El autor citado en uno de los capítulos de su obra, comparte a sus lectores algunas ideas de lo que el ha considerado <<hermanos>> o <<amigos>> antipáticos de la estupidez y la ignorancia, dos condiciones equiparadas e inseparables, las opiniones de hermandad o amistad de esos vicios son: la arrogancia, la presunción, el egotismo y egoísmo, la envidia, la despreocupación, el servilismo, la imitación, el chismorreo, los prejuicios, la mezquindad, la falta de disposición para escuchar y comprender…entre otras formas (in)usuales en el proceder acostumbrado de las personas.

En efecto, el autor profundiza en el análisis de dos conceptos (estupidez e ignorancia) y, otros a los que ha llamado hermanos o amigos antipáticos; sin embargo, habrá que subrayar de manera destacada en algunos de ellos, siendo (in)usual o recurrentemente utilizados por personajes que los protagonizan, como lo son: egotismo, servilismo, envidia o chismorreo. Por citar algunos.

En nuestra sociedad, coyunturalmente, se puede hablar de proyectos de nación prometedores o comprometidos en el acomodo de la jerga política. Planes con un propósito de continuidad en el sistema político; sin dejar de lado otros espacios de interacción colectiva o social, donde encontramos otros vicios: oportunismo o la zalamería siempre presente en el ambiente público.

Parafraseando expresiones en el ámbito político “es normal y legítimo” que alguien este en competencia a “costa de lo que sea necesario”.

Desde luego, serán pocos los que coincidan en esas reglas en el que los competidores pueden allegarse de todo tipo de elementos, esto no debe ser como dice la frase ya muy trillada, “en la guerra como en el amor todo se vale”. Contrario e ello, la honorabilidad y dignidad debe ser parte de ese juego del tablero en una partida de ajedrez en lo político.

Tiene mayor valor, el juego limpio en la disputa por una nación como la nuestra, los daños irreversibles se deben evitar.

Por supuesto eso, eso no debe ser, la (des)legitimidad, como tampoco debe ser normal el juego sucio e inequitativo. En cambio, sí la honorabilidad, así como la integridad ética en personas.

Al tiempo. Está próximo el relevo de los poderes de la unión (ejecutivo y legislativo); al igual que algunos gobierno y legislaturas locales, además de los gobiernos de los más de 2,400 municipios, será nuestro barómetro de lo compartido por Giancarlo. Por lo que no estarán ausentes estos hermanos y amigos antipáticos.

Vale la pena revisar el escenario con el que más nos identifiquemos: el del poder de la idiotez al que hacer referencia Giancarlo Livraghi o a la ética pregonada por Adela Cortina.

Ambos aportaciones en polos opuestos, sociedades modernas como complejas.

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