/ jueves 15 de agosto de 2019

Apostar a la innovación

POR: FERNANDO HERRERA

La transformación de la economía de Aguascalientes se dio a partir de la década de los 80, cuando Nissan instaló la primera planta ensambladora en la entidad y con ello se sentaron las bases para el florecimiento de la industria automotriz, una industria que hoy en día sigue siendo un motor regional en términos de números.

Aquella transición, que pocos imaginaron alcanzaría los niveles que hoy vemos, colocó a nuestra entidad en el mapa nacional, trajo prosperidad para miles de familias aguascalentenses y apuntó nuestra mirada hacia una nueva visión de modernidad y oportunidades de crecimiento.

Sin embargo, esa ola de cambio que se inserta en la lógica de la industrialización del siglo XX, parece estarse agotando ante la irrupción de la economía del conocimiento (EC) y la innovación tecnológica, dos campos que no debemos perder de vista en el camino hacia el futuro.

Para nadie es secreto que el sector automotriz atraviesa un momento complicado, debido a distintos factores como las tensiones provocadas por la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Hasta hace poco, la calificadora Moody´s cambió de “estable” a “negativa” su perspectiva global de crecimiento frente a éste. En nuestro país, por ejemplo, empresas como General Motors o la propia Nissan, han registrado caídas importantes en sus números de producción y venta.

En su texto “La economía del conocimiento como base del crecimiento económico en México”, Humberto Ríos señala de manera acertada que el desarrollo es un proceso propio de un tiempo y un espacio. Para el catedrático del Instituto Politécnico Nacional (IPN), México se ha quedado estancado en su línea de desarrollo, a diferencia de países como Corea del Sur, porque no ha logrado transitar hacia los nuevos modelos de crecimiento económico.

Bajo esta lectura podemos hacer dos primeras e importantes reflexiones: si bien Aguascalientes supo abrir sus puertas y adoptar un nuevo sector que requería mano de obra (que por cierto alcanzó un grado de capacitación y especialización muy importante), estabilidad y certeza para invertir, así como condiciones de seguridad; es urgente considerar inversiones estratégicas para asimilar una nueva economía del conocimiento.

Investigación científica y desarrollo de tecnologías, nuevos espacios y áreas de educación que incluyan seguridad informática, ingenierías sustentables, comunicación digital y planeación urbana, por ejemplo, así como políticas públicas que generen certidumbre para continuar asimilando las inversiones extranjeras, son pilares que debemos apuntalar con fuerza y con una mirada de largo plazo.

Corea del Sur es un caso de éxito obligado, pues ha venido creciendo de manera sostenida en los últimos 20 años y de acuerdo con un análisis detallado del Banco Mundial, el giro sustancial de su economía y su desarrollo fue gracias a la apuesta y a la fuerte inversión en educación, capacitación, innovación y a la creación de toda una nueva infraestructura que permitió el florecimiento de la EC.

El reto no es fácil. Llevamos al menos 10 años de retraso en comparación con las economías modernas que han asimilado bien este cambio. Sin embargo, la posibilidad de hacer del Bajío un gran centro de generación de capitales, cuyo base sea una nueva cultura del conocimiento, está en las manos de los gobiernos, de la industria privada y de las viejas y nuevas generaciones.

POR: FERNANDO HERRERA

La transformación de la economía de Aguascalientes se dio a partir de la década de los 80, cuando Nissan instaló la primera planta ensambladora en la entidad y con ello se sentaron las bases para el florecimiento de la industria automotriz, una industria que hoy en día sigue siendo un motor regional en términos de números.

Aquella transición, que pocos imaginaron alcanzaría los niveles que hoy vemos, colocó a nuestra entidad en el mapa nacional, trajo prosperidad para miles de familias aguascalentenses y apuntó nuestra mirada hacia una nueva visión de modernidad y oportunidades de crecimiento.

Sin embargo, esa ola de cambio que se inserta en la lógica de la industrialización del siglo XX, parece estarse agotando ante la irrupción de la economía del conocimiento (EC) y la innovación tecnológica, dos campos que no debemos perder de vista en el camino hacia el futuro.

Para nadie es secreto que el sector automotriz atraviesa un momento complicado, debido a distintos factores como las tensiones provocadas por la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Hasta hace poco, la calificadora Moody´s cambió de “estable” a “negativa” su perspectiva global de crecimiento frente a éste. En nuestro país, por ejemplo, empresas como General Motors o la propia Nissan, han registrado caídas importantes en sus números de producción y venta.

En su texto “La economía del conocimiento como base del crecimiento económico en México”, Humberto Ríos señala de manera acertada que el desarrollo es un proceso propio de un tiempo y un espacio. Para el catedrático del Instituto Politécnico Nacional (IPN), México se ha quedado estancado en su línea de desarrollo, a diferencia de países como Corea del Sur, porque no ha logrado transitar hacia los nuevos modelos de crecimiento económico.

Bajo esta lectura podemos hacer dos primeras e importantes reflexiones: si bien Aguascalientes supo abrir sus puertas y adoptar un nuevo sector que requería mano de obra (que por cierto alcanzó un grado de capacitación y especialización muy importante), estabilidad y certeza para invertir, así como condiciones de seguridad; es urgente considerar inversiones estratégicas para asimilar una nueva economía del conocimiento.

Investigación científica y desarrollo de tecnologías, nuevos espacios y áreas de educación que incluyan seguridad informática, ingenierías sustentables, comunicación digital y planeación urbana, por ejemplo, así como políticas públicas que generen certidumbre para continuar asimilando las inversiones extranjeras, son pilares que debemos apuntalar con fuerza y con una mirada de largo plazo.

Corea del Sur es un caso de éxito obligado, pues ha venido creciendo de manera sostenida en los últimos 20 años y de acuerdo con un análisis detallado del Banco Mundial, el giro sustancial de su economía y su desarrollo fue gracias a la apuesta y a la fuerte inversión en educación, capacitación, innovación y a la creación de toda una nueva infraestructura que permitió el florecimiento de la EC.

El reto no es fácil. Llevamos al menos 10 años de retraso en comparación con las economías modernas que han asimilado bien este cambio. Sin embargo, la posibilidad de hacer del Bajío un gran centro de generación de capitales, cuyo base sea una nueva cultura del conocimiento, está en las manos de los gobiernos, de la industria privada y de las viejas y nuevas generaciones.