/ viernes 8 de mayo de 2020

Xajay, otra célebre dehesa que data de 1794

La ganadería pasó por varias divisas como rojo y gualda, azul marino y oro y finalmente los afamados colores verde y rojo

Luego de abordar los temas de las ganaderías consideradas históricamente como puntales en la crianza del ganado bravo en el país, como Atenco, Piedras Negras, La Punta, San Mateo y Santo Domingo, existen otras cuatro que, de hecho, se convirtieron en las que dieron seguimiento a la inigualable simiente del toro mexicano y ellas son Xajay, San Martín, San Miguel de Mimiahuápam y Garfias. Por ello, gracias a la obra del escritor don Agustín Linares García, “Los Toros en España y México”, editada en 1968, es que podemos saber de ellas con su personal estilo, empezando con la dehesa queretana de Xajay.

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“Los datos históricos de esta famosa y reconocida ganadería (que rebasa ya los 19 lustros de antigüedad) y que tantas tardes de triunfo ha dado a los colores de su divisa en verde y rojo, son los siguientes:

Iba finalizando el siglo XVIII -año de 1794-, cuando a don Raymundo Quintanar, poseedor de una vacada criolla, se le ocurrió la transformarla con reses bravas de pura sangre.

Cruzo sementales andaluces con las vacas que tenía y formó entonces su primer potrero llamado ‘El Contadero’. De él salieron excelentes toros, colocando en poco tiempo a esta vacada al nivel de Atenco, al extremo de ganarle un concurso después de lidiar, en competencia, tres corridas seguidas. En estos festejos y por su extraordinaria bravura, fue indultado dos veces el famoso toro ‘Cuervo’.

Después de varios sucesores, adquiere la ganadería en 1880, don José Manuel de la Peña, propietario de ‘El Salitre’. Al desaparecer la prohibición del año 1867 para las corridas en el Distrito Federal, se dedicó a organizar la vacada que había bajado en categoría.

Con un semental de Miura, otro de Concha y Sierra, dos de Anastasio Martín y uno más de los Hermanos Arribas, todos traídos de España, logró que padrearan con cerca de 100 vacas, obteniendo buenos productos, particularmente con lo de Miura. Es a partir de entonces cuando vuelve la ganadería de Xajay por sus propios fueros, codeándose con las de más renombre, ganando concursos y poniendo los colores en rojo y gualda, que eran entonces los de su divisa, a un nivel envidiable.

Unos años después, decide don José Manuel venderla a don Miguel Peón, de Yucatán, hombre de gran posición, pero al prestarle poca atención decayó nuevamente y, al deshacerse de ella, la adquirió en 1903, el aristócrata español, don Ignacio de la Torre Mier, hijo político del entonces presidente de la República Mexicana, don Porfirio Díaz, quien cambió la divisa por los colores en azul marino y oro, y el hierro que tomó la forma de una V, tal vez para indicar que fueron cinco los sementales empleados por don José Manuel Peña para regenerar la vacada.

A la Hacienda de San Nicolás Peralta, propiedad del referido Ignacio de la Torre, llevó todo el ganado de Xajay, lidiándose a partir de entonces con el nombre de aquella Hacienda. Hizo nuevas cruzas con toros de Ibarra y Saltillo, obteniendo magníficos resultados y, después, con sementales ibéricos de la viuda de Concha y Sierra, de Eduardo Miura y del Duque de Veragua, con los que no fue tan afortunado.

En 1911, descendió verticalmente la vacada a causa del saqueo de la Hacienda de San Nicolás Peralta por los revolucionarios. Hubo el gobierno de incautarse de ella para frenar los desmanes y dejó como administrador a don Julio Herrera, quien trasladó lo poco que dejaron las hordas a la primitiva propiedad de Xajay.

Don Miguel Dosamantes Rul compró la vacada a los herederos de don Ignacio de la Torre en 1920 incorporándola a su Hacienda de Peñuelas. En 1923 vendió a don Edmundo y don Jorge Guerrero Perrusquía una parte de la Hacienda, integrada con vacas de Peñuelas y dos sementales de Piedras Negras, más las crías que estas ligas proporcionaron.

Los hermanos Guerrero Perrusquía aumentaron en 1925 el pie de simiente, con 40 vacas y dos toros españoles de don Juan Belmonte, procedencia de Campos Varela, agregando en 1946 tres sementales más de la nueva sangre de Belmonte”.

Continuará…

DATO

Don Miguel Dosamantes Rul en 1923 vendió una parte de su Hacienda a don Edmundo y don Jorge Guerrero Perrusquía, integrada con vacas de Peñuelas y sementales de Piedras Negras.


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Luego de abordar los temas de las ganaderías consideradas históricamente como puntales en la crianza del ganado bravo en el país, como Atenco, Piedras Negras, La Punta, San Mateo y Santo Domingo, existen otras cuatro que, de hecho, se convirtieron en las que dieron seguimiento a la inigualable simiente del toro mexicano y ellas son Xajay, San Martín, San Miguel de Mimiahuápam y Garfias. Por ello, gracias a la obra del escritor don Agustín Linares García, “Los Toros en España y México”, editada en 1968, es que podemos saber de ellas con su personal estilo, empezando con la dehesa queretana de Xajay.

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“Los datos históricos de esta famosa y reconocida ganadería (que rebasa ya los 19 lustros de antigüedad) y que tantas tardes de triunfo ha dado a los colores de su divisa en verde y rojo, son los siguientes:

Iba finalizando el siglo XVIII -año de 1794-, cuando a don Raymundo Quintanar, poseedor de una vacada criolla, se le ocurrió la transformarla con reses bravas de pura sangre.

Cruzo sementales andaluces con las vacas que tenía y formó entonces su primer potrero llamado ‘El Contadero’. De él salieron excelentes toros, colocando en poco tiempo a esta vacada al nivel de Atenco, al extremo de ganarle un concurso después de lidiar, en competencia, tres corridas seguidas. En estos festejos y por su extraordinaria bravura, fue indultado dos veces el famoso toro ‘Cuervo’.

Después de varios sucesores, adquiere la ganadería en 1880, don José Manuel de la Peña, propietario de ‘El Salitre’. Al desaparecer la prohibición del año 1867 para las corridas en el Distrito Federal, se dedicó a organizar la vacada que había bajado en categoría.

Con un semental de Miura, otro de Concha y Sierra, dos de Anastasio Martín y uno más de los Hermanos Arribas, todos traídos de España, logró que padrearan con cerca de 100 vacas, obteniendo buenos productos, particularmente con lo de Miura. Es a partir de entonces cuando vuelve la ganadería de Xajay por sus propios fueros, codeándose con las de más renombre, ganando concursos y poniendo los colores en rojo y gualda, que eran entonces los de su divisa, a un nivel envidiable.

Unos años después, decide don José Manuel venderla a don Miguel Peón, de Yucatán, hombre de gran posición, pero al prestarle poca atención decayó nuevamente y, al deshacerse de ella, la adquirió en 1903, el aristócrata español, don Ignacio de la Torre Mier, hijo político del entonces presidente de la República Mexicana, don Porfirio Díaz, quien cambió la divisa por los colores en azul marino y oro, y el hierro que tomó la forma de una V, tal vez para indicar que fueron cinco los sementales empleados por don José Manuel Peña para regenerar la vacada.

A la Hacienda de San Nicolás Peralta, propiedad del referido Ignacio de la Torre, llevó todo el ganado de Xajay, lidiándose a partir de entonces con el nombre de aquella Hacienda. Hizo nuevas cruzas con toros de Ibarra y Saltillo, obteniendo magníficos resultados y, después, con sementales ibéricos de la viuda de Concha y Sierra, de Eduardo Miura y del Duque de Veragua, con los que no fue tan afortunado.

En 1911, descendió verticalmente la vacada a causa del saqueo de la Hacienda de San Nicolás Peralta por los revolucionarios. Hubo el gobierno de incautarse de ella para frenar los desmanes y dejó como administrador a don Julio Herrera, quien trasladó lo poco que dejaron las hordas a la primitiva propiedad de Xajay.

Don Miguel Dosamantes Rul compró la vacada a los herederos de don Ignacio de la Torre en 1920 incorporándola a su Hacienda de Peñuelas. En 1923 vendió a don Edmundo y don Jorge Guerrero Perrusquía una parte de la Hacienda, integrada con vacas de Peñuelas y dos sementales de Piedras Negras, más las crías que estas ligas proporcionaron.

Los hermanos Guerrero Perrusquía aumentaron en 1925 el pie de simiente, con 40 vacas y dos toros españoles de don Juan Belmonte, procedencia de Campos Varela, agregando en 1946 tres sementales más de la nueva sangre de Belmonte”.

Continuará…

DATO

Don Miguel Dosamantes Rul en 1923 vendió una parte de su Hacienda a don Edmundo y don Jorge Guerrero Perrusquía, integrada con vacas de Peñuelas y sementales de Piedras Negras.


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