/ martes 12 de marzo de 2019

Podados por la historia

Una reflexión sobre “Nadie es profeta en su tierra (historia reciente y definitiva del arte actual en Aguascalientes)” de Enrique López Llamas, escrito por Esteban Castorena

“El sujeto se define en relación a la institución que lo hace posible”

Estuve ahí el día de la inauguración. Para ser un día de San Valentín, y luego de un pequeño error en la difusión del evento (se anunció a las 7 de la noche, y dijo mi mamá que siempre no, que mejor a las 8), éramos muchos los reunidos en el Centro de Artes Visuales. Al parecer, Enrique López Llamas había reunido la obra de 50 artistas locales para dar forma al proyecto “Nadie es profeta en su tierra (historia reciente y definitiva del arte actual en Aguascalientes).

Luego del acto protocolario de las autoridades, abrieron las puertas y la multitud se adentró en la galería. Lo que más atrajo a los presentes fue el sonido constante de un motor, de unas aspas abriéndose camino entre diversos materiales. La gran mayoría de los asistentes, como si la exposición sólo consistiera en eso, fueron directamente hacia la fuente de ese sonido. Una vez postrados frente a la pantalla, descubrieron un video (Lecciones sobre historia) en el que López Llamas “modificó el estado” de las 50 obras de otros artistas locales, de sus contemporáneos.

Había rostros de genuina molestia y también risas nerviosas, hubo quien se quedó mudo y quien prefirió comentar algo a sus acompañantes. Nadie de los que estuvimos ahí ese día sabíamos cómo reaccionar. Mientras veía el video en que la podadora hacía lo suyo con las obras, junto a mí escuché una voz que decía: “¡Mira, ese pedazo es mío!”. Me entrometí en el comentario, uno de los artistas invitados a la muestra señalaba el cuadro Lo propio es ajeno, lo ajeno es propio (la última carta que escribiré a Aguascalientes), un collage a manera de mosaico hecho con los restos de las obras luego de pasar por las aspas.

A esta exposición, Trino Guerrero ya dedicó unas palabras en su blog[1], en un par de párrafos se pregunta si la modificación de las obras hecha por López Llamas cambia la esencia de las piezas originales. Reflexiona sobre la esencia de las piezas, el aura, como la llama él partiendo de Walter Benjamin. Así como el artista que escuché en la inauguración, Trino menciona “es interesante ver cómo es que a través de los fragmentos pegados, varios de los participantes identificamos nuestras obras, es decir, algo de ellas aún estaba ahí, ese algo era el aura”. Comentarios como los anteriores, me hacen preguntarme si en realidad López Llamas mintió sobre el hecho de realizar una exposición colectiva. Quizás de una manera poco ortodoxa, pero creo que sí hay una exhibición donde se aborda a una comunidad, pues la esencia de los artistas invitados a participar se permea de distintas formas en toda la exposición.

Viendo las demás piezas que conforman el proyecto, la narrativa que López Llamas plantea al espectador es bastante clara. El artista pretende crear un canon del arte visual en Aguascalientes y confrontarlo con uno ya existente.

Como telón de fondo a la exposición de Enrique están las figuras de José Guadalupe Posada, Jesús Fructuoso Contreras, Saturnino Herrán y Enrique Guzmán. Figuras del arte aguascalentense que han sido explotadas hasta el cansancio. Podemos hablar de plazas públicas, concursos de arte, festivales, museos, réplicas, amplias colecciones, souvenirs y cátedras como algunos de los ejemplos donde se enaltecen y reiteran sus nombres.

No puedo dejar de mencionar los libros que se han dedicado a ellos, mismos que se encuentran intervenidos en la exposición. Sus portadas intervenidas por el artista en La historia es lo que decidimos hacer con ella, y sus páginas convertidas en hojas de papel reciclado en Retomar la herencia. Todas estas piezas, me parece, llevan tras de sí un discurso sobre el hastío del enaltecimiento de los “grandes artistas” de Aguascalientes. Gracias a la legitimación de su obra, y por ende de un canon construido a través de las instituciones, Posada, Contreras, Herrán y Guzmán, ahora proyectan una sombra que eclipsa el trabajo de artistas posteriores a ellos. Hacer papel reciclado usando libros sobre estas figuras, me parece, es una forma sutil pero incisiva de pedir una vuelta de hoja. No se niega la importancia de los artistas predecesores, pero hay que seguir adelante y prestar atención a la actualidad. Esta idea se refuerza con la pieza La historia es una mula que no para de corcovear (Aguascalientes), una selección de publicaciones sobre la relación entre la historia y el arte, en su mayoría posteriores a la muerte de Guzmán, coronadas por una mula como símbolo de un pasado reciente y a la espera de ser revisado.

En el manifiesto Control equis, pegado en una de las paredes de la sala, López Llamas señala: “Control equis es arrastrar el pasado hasta el presente para alterar el sentido del futuro y reescribir a su vez el pasado”. Aquí hay una pieza clave para la narrativa de la exposición. Hay historia escrita, la que se está escribiendo y la que puede reescribirse. Precisamente el ejercicio de reescritura de la historia se materializa en la pieza Ser los grandes (¿a quién le importan el legado y la tradición?), video en que, de manera digital, se intervienen obras de los “grandes artistas de Aguascalientes” insertando en ellas piezas de los 50 invitados a participar en el proyecto.

Recuerdo haber salido a tomar una copa del brindis, a fumarme un cigarro para conversar con mis amigos ahí presentes. Hablábamos sobre el cotilleo de los asistentes a la inauguración, la sorpresa de todos ante el atrevimiento y la provocación de López Llamas. Entre calada y calada alguien sacó a tema un detalle que aplaudo de la muestra. “¿Ya se fijaron que nadie está hablando sobre Guzmán, Posada y los otros?” Esos artistas, tal como los otros 50, estuvieron presentes con la esencia de sus obras, sin embargo, y aunque pareciera mentira, ellos no fueron los protagonistas de la noche. Los protagonistas fueron López Llamas y los artistas cuya obra había pasado por las aspas de una podadora.

De vuelta en la galería, la menor concurrencia de gente me permitió acercarme a los textos de sala. Tres cartas de amor; cada una con un destinatario distinto: la tradición, la historia, y la trascendencia. Esta triada para López Llamas es inseparable, la tradición nos marca un camino qué seguir, sobre la historia Enrique dice: “Mi amor, eres vertiginosa, inestable y deseas siempre tener el control. Te encanta decir quién sí y quién no, privilegiando siempre a los que están de tu lado y fregando a los que se rehúsan a participar en tus juegos”, la trascendencia es sólo para aquellos que participan en los juegos de la historia. Así se forma un círculo que no termina, a quien participa en esos juegos, la historia le otorga la trascendencia y, con la legitimación necesaria, se vuelve una tradición que marcará el camino de generaciones por venir.

En la carta a la trascendencia, Enrique hace la declaración de sus intenciones, la convocatoria a los artistas locales y la idea de intercambiar obra. El discurso detrás del gesto: “Es tan inmenso lo que siento por ti que me atreví a hacer lo imposible: yo me convertiré en el personaje que escribe, de una vez por todas, la versión definitiva del arte actual en Aguascalientes”. López Llamas encarna al ente legitimador que otorga el visto bueno para dar el paso a la historia, quien otorga la trascendencia. Como souvenir de la exposición, los asistentes pudimos llevarnos una hoja con nombres de artistas locales, los nombres de quienes participaron estaban presentes. También puede leerse el nombre de aquellos que no participaron, se asoman detrás de la tinta roja que cancela sus nombres. Quedaron fuera de la Historia reciente y definitiva del arte actual en Aguascalientes.

López Llamas es el ente que legitima; de cierta forma se convierte en la historia que juega de maneras perversas. A los artistas de Aguascalientes se les pidió una obra con la que quisieran pasar a la historia, con la que quisieran ser recordados. Pienso en el título de un libro de Miguel León Portilla La visión de los vencidos, y es que la historia, la visión/versión oficial y canónica la escriben los vencedores, los hombres que conforman a las instituciones. La escriben de acuerdo a sus conveniencias y convicciones, de ahí las Lecciones de historia de López Llamas, los 50 artistas pasan a la historia pero no de la forma que habrían querido o esperado.

Hay una última pieza a la que aún no dedico unas líneas, Declarar una intención no es cincelar una sentencia. Una serie de cristales rotos e irregulares que resguardaban originalmente algunas de las obras entregadas para la muestra. Sobre el cristal se grabaron las respuestas de los artistas a la pregunta: ¿por qué sería importante preservar su obra en la memoria histórica del estado? Pueden leerse respuestas muy diversas: “Porque soy yo”, “Importante para mí”, “Para seguir estableciendo el diálogo”, “No me interesa, pero quiero saber qué pasa”, “La gran tradición que tenemos”.

Luego de la narrativa creada por López Llamas, la idea del canon ya instaurado en Aguascalientes, del canon que él mismo quiso formar desde su propia conveniencia de ente legitimador, la pregunta que los artistas tuvieron que responder, es una pregunta que bien podría hacérsele a Enrique López Llamas. ¿Por qué sería importante preservar su obra en la memoria histórica del estado? ¿Pretende trascender como el artista que pasó por aspas de podadora la obra de sus contemporáneos? ¿La modificación de la obra ajena es una imposición de su figura por encima de la de otros 50 artistas? Habrá que cuestionarlo.

Voy camino a un bar luego de haber asistido a la muestra, en ese momento sabía ya que la exposición daría mucho de qué hablar y mucho de qué escribir. Aquella noche no me acerqué a charlar con el artista porque estuvo siempre rodeado de gente, tampoco habría sido el momento de discutir con él acerca de su obra. Su proyecto, antes de un diálogo profundo y provechoso, necesita asimilarse, digerirse, reflexionarse. A casi un mes de las primeras expresiones de sorpresa ante lo que alguien ya llamó “artecidio”, López Llamas vuelve al Centro de Artes Visuales. Vuelve para dar la cara luego de lo hecho, a tener un diálogo abierto con quienes decidan acompañarlo. Después de todo lo dicho, creo yo, vale la pena escuchar al autor de la obra que ha estado en boca de tantos.

---

Como parte del programa “Tardes de café”, Enrique López Llamas estará dialogando sobre su proyecto. La cita es el viernes 15 de marzo en punto de las 19:00 horas en el Centro de Artes Visuales.

[1] https://ninoartilleroblog.wordpress.com/2019/03/05/los-retazos-de-la-historia-del-arte-de-aguascalientes/

Una reflexión sobre “Nadie es profeta en su tierra (historia reciente y definitiva del arte actual en Aguascalientes)” de Enrique López Llamas, escrito por Esteban Castorena

“El sujeto se define en relación a la institución que lo hace posible”

Estuve ahí el día de la inauguración. Para ser un día de San Valentín, y luego de un pequeño error en la difusión del evento (se anunció a las 7 de la noche, y dijo mi mamá que siempre no, que mejor a las 8), éramos muchos los reunidos en el Centro de Artes Visuales. Al parecer, Enrique López Llamas había reunido la obra de 50 artistas locales para dar forma al proyecto “Nadie es profeta en su tierra (historia reciente y definitiva del arte actual en Aguascalientes).

Luego del acto protocolario de las autoridades, abrieron las puertas y la multitud se adentró en la galería. Lo que más atrajo a los presentes fue el sonido constante de un motor, de unas aspas abriéndose camino entre diversos materiales. La gran mayoría de los asistentes, como si la exposición sólo consistiera en eso, fueron directamente hacia la fuente de ese sonido. Una vez postrados frente a la pantalla, descubrieron un video (Lecciones sobre historia) en el que López Llamas “modificó el estado” de las 50 obras de otros artistas locales, de sus contemporáneos.

Había rostros de genuina molestia y también risas nerviosas, hubo quien se quedó mudo y quien prefirió comentar algo a sus acompañantes. Nadie de los que estuvimos ahí ese día sabíamos cómo reaccionar. Mientras veía el video en que la podadora hacía lo suyo con las obras, junto a mí escuché una voz que decía: “¡Mira, ese pedazo es mío!”. Me entrometí en el comentario, uno de los artistas invitados a la muestra señalaba el cuadro Lo propio es ajeno, lo ajeno es propio (la última carta que escribiré a Aguascalientes), un collage a manera de mosaico hecho con los restos de las obras luego de pasar por las aspas.

A esta exposición, Trino Guerrero ya dedicó unas palabras en su blog[1], en un par de párrafos se pregunta si la modificación de las obras hecha por López Llamas cambia la esencia de las piezas originales. Reflexiona sobre la esencia de las piezas, el aura, como la llama él partiendo de Walter Benjamin. Así como el artista que escuché en la inauguración, Trino menciona “es interesante ver cómo es que a través de los fragmentos pegados, varios de los participantes identificamos nuestras obras, es decir, algo de ellas aún estaba ahí, ese algo era el aura”. Comentarios como los anteriores, me hacen preguntarme si en realidad López Llamas mintió sobre el hecho de realizar una exposición colectiva. Quizás de una manera poco ortodoxa, pero creo que sí hay una exhibición donde se aborda a una comunidad, pues la esencia de los artistas invitados a participar se permea de distintas formas en toda la exposición.

Viendo las demás piezas que conforman el proyecto, la narrativa que López Llamas plantea al espectador es bastante clara. El artista pretende crear un canon del arte visual en Aguascalientes y confrontarlo con uno ya existente.

Como telón de fondo a la exposición de Enrique están las figuras de José Guadalupe Posada, Jesús Fructuoso Contreras, Saturnino Herrán y Enrique Guzmán. Figuras del arte aguascalentense que han sido explotadas hasta el cansancio. Podemos hablar de plazas públicas, concursos de arte, festivales, museos, réplicas, amplias colecciones, souvenirs y cátedras como algunos de los ejemplos donde se enaltecen y reiteran sus nombres.

No puedo dejar de mencionar los libros que se han dedicado a ellos, mismos que se encuentran intervenidos en la exposición. Sus portadas intervenidas por el artista en La historia es lo que decidimos hacer con ella, y sus páginas convertidas en hojas de papel reciclado en Retomar la herencia. Todas estas piezas, me parece, llevan tras de sí un discurso sobre el hastío del enaltecimiento de los “grandes artistas” de Aguascalientes. Gracias a la legitimación de su obra, y por ende de un canon construido a través de las instituciones, Posada, Contreras, Herrán y Guzmán, ahora proyectan una sombra que eclipsa el trabajo de artistas posteriores a ellos. Hacer papel reciclado usando libros sobre estas figuras, me parece, es una forma sutil pero incisiva de pedir una vuelta de hoja. No se niega la importancia de los artistas predecesores, pero hay que seguir adelante y prestar atención a la actualidad. Esta idea se refuerza con la pieza La historia es una mula que no para de corcovear (Aguascalientes), una selección de publicaciones sobre la relación entre la historia y el arte, en su mayoría posteriores a la muerte de Guzmán, coronadas por una mula como símbolo de un pasado reciente y a la espera de ser revisado.

En el manifiesto Control equis, pegado en una de las paredes de la sala, López Llamas señala: “Control equis es arrastrar el pasado hasta el presente para alterar el sentido del futuro y reescribir a su vez el pasado”. Aquí hay una pieza clave para la narrativa de la exposición. Hay historia escrita, la que se está escribiendo y la que puede reescribirse. Precisamente el ejercicio de reescritura de la historia se materializa en la pieza Ser los grandes (¿a quién le importan el legado y la tradición?), video en que, de manera digital, se intervienen obras de los “grandes artistas de Aguascalientes” insertando en ellas piezas de los 50 invitados a participar en el proyecto.

Recuerdo haber salido a tomar una copa del brindis, a fumarme un cigarro para conversar con mis amigos ahí presentes. Hablábamos sobre el cotilleo de los asistentes a la inauguración, la sorpresa de todos ante el atrevimiento y la provocación de López Llamas. Entre calada y calada alguien sacó a tema un detalle que aplaudo de la muestra. “¿Ya se fijaron que nadie está hablando sobre Guzmán, Posada y los otros?” Esos artistas, tal como los otros 50, estuvieron presentes con la esencia de sus obras, sin embargo, y aunque pareciera mentira, ellos no fueron los protagonistas de la noche. Los protagonistas fueron López Llamas y los artistas cuya obra había pasado por las aspas de una podadora.

De vuelta en la galería, la menor concurrencia de gente me permitió acercarme a los textos de sala. Tres cartas de amor; cada una con un destinatario distinto: la tradición, la historia, y la trascendencia. Esta triada para López Llamas es inseparable, la tradición nos marca un camino qué seguir, sobre la historia Enrique dice: “Mi amor, eres vertiginosa, inestable y deseas siempre tener el control. Te encanta decir quién sí y quién no, privilegiando siempre a los que están de tu lado y fregando a los que se rehúsan a participar en tus juegos”, la trascendencia es sólo para aquellos que participan en los juegos de la historia. Así se forma un círculo que no termina, a quien participa en esos juegos, la historia le otorga la trascendencia y, con la legitimación necesaria, se vuelve una tradición que marcará el camino de generaciones por venir.

En la carta a la trascendencia, Enrique hace la declaración de sus intenciones, la convocatoria a los artistas locales y la idea de intercambiar obra. El discurso detrás del gesto: “Es tan inmenso lo que siento por ti que me atreví a hacer lo imposible: yo me convertiré en el personaje que escribe, de una vez por todas, la versión definitiva del arte actual en Aguascalientes”. López Llamas encarna al ente legitimador que otorga el visto bueno para dar el paso a la historia, quien otorga la trascendencia. Como souvenir de la exposición, los asistentes pudimos llevarnos una hoja con nombres de artistas locales, los nombres de quienes participaron estaban presentes. También puede leerse el nombre de aquellos que no participaron, se asoman detrás de la tinta roja que cancela sus nombres. Quedaron fuera de la Historia reciente y definitiva del arte actual en Aguascalientes.

López Llamas es el ente que legitima; de cierta forma se convierte en la historia que juega de maneras perversas. A los artistas de Aguascalientes se les pidió una obra con la que quisieran pasar a la historia, con la que quisieran ser recordados. Pienso en el título de un libro de Miguel León Portilla La visión de los vencidos, y es que la historia, la visión/versión oficial y canónica la escriben los vencedores, los hombres que conforman a las instituciones. La escriben de acuerdo a sus conveniencias y convicciones, de ahí las Lecciones de historia de López Llamas, los 50 artistas pasan a la historia pero no de la forma que habrían querido o esperado.

Hay una última pieza a la que aún no dedico unas líneas, Declarar una intención no es cincelar una sentencia. Una serie de cristales rotos e irregulares que resguardaban originalmente algunas de las obras entregadas para la muestra. Sobre el cristal se grabaron las respuestas de los artistas a la pregunta: ¿por qué sería importante preservar su obra en la memoria histórica del estado? Pueden leerse respuestas muy diversas: “Porque soy yo”, “Importante para mí”, “Para seguir estableciendo el diálogo”, “No me interesa, pero quiero saber qué pasa”, “La gran tradición que tenemos”.

Luego de la narrativa creada por López Llamas, la idea del canon ya instaurado en Aguascalientes, del canon que él mismo quiso formar desde su propia conveniencia de ente legitimador, la pregunta que los artistas tuvieron que responder, es una pregunta que bien podría hacérsele a Enrique López Llamas. ¿Por qué sería importante preservar su obra en la memoria histórica del estado? ¿Pretende trascender como el artista que pasó por aspas de podadora la obra de sus contemporáneos? ¿La modificación de la obra ajena es una imposición de su figura por encima de la de otros 50 artistas? Habrá que cuestionarlo.

Voy camino a un bar luego de haber asistido a la muestra, en ese momento sabía ya que la exposición daría mucho de qué hablar y mucho de qué escribir. Aquella noche no me acerqué a charlar con el artista porque estuvo siempre rodeado de gente, tampoco habría sido el momento de discutir con él acerca de su obra. Su proyecto, antes de un diálogo profundo y provechoso, necesita asimilarse, digerirse, reflexionarse. A casi un mes de las primeras expresiones de sorpresa ante lo que alguien ya llamó “artecidio”, López Llamas vuelve al Centro de Artes Visuales. Vuelve para dar la cara luego de lo hecho, a tener un diálogo abierto con quienes decidan acompañarlo. Después de todo lo dicho, creo yo, vale la pena escuchar al autor de la obra que ha estado en boca de tantos.

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Como parte del programa “Tardes de café”, Enrique López Llamas estará dialogando sobre su proyecto. La cita es el viernes 15 de marzo en punto de las 19:00 horas en el Centro de Artes Visuales.

[1] https://ninoartilleroblog.wordpress.com/2019/03/05/los-retazos-de-la-historia-del-arte-de-aguascalientes/