/ lunes 17 de junio de 2024

Adiós al PRD

El Partido de la Revolución Democrática forma parte ya de la historia de México por su lucha a favor de las reformas que garantizan una democracia real y un nuevo Estado de Derecho. Soy una de las miles de personas que llamaron a su construcción en 1989. El PMS otorgó su registro para hacer posible su existencia. A su vez, como se sabe, el PMS transitó en su corta vida gracias al PSUM y el PCM.

Muchas mujeres como yo, fuimos legisladoras en las Cámaras del Congreso de la Unión. Participamos con mucha influencia en la discusión parlamentaria y en el diseño de leyes vanguardistas en materia de derechos humanos y feministas. Influimos en ser el primer partido que estableció la paridad en sus estatutos. Tres mujeres ocuparon el cargo de Presidentas nacionales. Hace apenas unos años nos definimos partido feminista.

El PRD tuvo en la figura del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas a su gran fundador; además del cardenismo, nunca pudo quitarse una categoría política que coincidió con López Obrador: el nacionalismo revolucionario; entendible porque ambos fueron formados en ese priismo.

Aún así, el PRD se define de izquierda a pesar del Ingeniero y de López. Lo fue por las diversas izquierdas que se integraron en el nuevo partido. Convivir entre corrientes contrapuestas dio pie a discusiones que hicieron crisis entre las corrientes. Su crecimiento electoral está ligado a la deserción de cuadros políticos del PRI, quienes usaron al PRD como plataforma política para ganar elecciones locales y municipales. Hoy todos esos cuadros están en Morena. En el espectro partidario López fue el delfín del Ingeniero. Todavía al final de sus días no pudimos quitarnos el estigma de haber sido el partido que empoderó a López Obrador.

A pesar de la oposición del Ingeniero, el Congreso Nacional aprobó el PRD se sentara a discutir en 1993/1994 con el gobierno de Zedillo para concretar reformas estructurales en materia político electoral, y junto con el PAN, se logró la creación del Instituto Federal Electoral, hoy INE, como organismo autónomo del gobierno.

Cuando AMLO fraguó su salida del PRD, se esmeró en desfondarlo elección tras elección. Desde que una parte del partido planteó en el 2012 que él ya no fuera candidato presidencial, ya estaba construyendo su nuevo movimiento de la mano de Dante Delgado desde Convergencia y luego con el PT. En 2015 obtiene su propio registro como Morena. Quienes antes votaron por el PRD lo empezaron a hacer por el Partido de AMLO. En honor a la verdad tampoco logramos la simpatía de otras y otros votantes, de manera que no obtuvimos los votos suficientes para seguir vigentes.

Me siento triste, pero también enojada. En el PRD pocos leímos lo que en cada elección se comenzó a manifestar: que la caída en las preferencias electorales obligaba a transitar a otro partido, con otro nombre, abrir sus puertas a nuevas personalidades, a la sociedad civil, acorde a las nuevas necesidades del país. En los análisis lo sabíamos, pero no hubo voluntad para el cambio.

En la pérdida del registro del PRD no se puede desobligar a la actual dirección, a las corrientes, y a los liderazgos locales; los errores son señalados por la militancia y forman parte de la historia.

En conclusión: hace mucho se debió reconstruir al PRD, con otro nombre, quitar del partido todo resquicio del nacionalismo revolucionario de los 70s. Porque en honor a la verdad ese, ya existe, es MORENA. Vamos a lo que sigue.

El Partido de la Revolución Democrática forma parte ya de la historia de México por su lucha a favor de las reformas que garantizan una democracia real y un nuevo Estado de Derecho. Soy una de las miles de personas que llamaron a su construcción en 1989. El PMS otorgó su registro para hacer posible su existencia. A su vez, como se sabe, el PMS transitó en su corta vida gracias al PSUM y el PCM.

Muchas mujeres como yo, fuimos legisladoras en las Cámaras del Congreso de la Unión. Participamos con mucha influencia en la discusión parlamentaria y en el diseño de leyes vanguardistas en materia de derechos humanos y feministas. Influimos en ser el primer partido que estableció la paridad en sus estatutos. Tres mujeres ocuparon el cargo de Presidentas nacionales. Hace apenas unos años nos definimos partido feminista.

El PRD tuvo en la figura del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas a su gran fundador; además del cardenismo, nunca pudo quitarse una categoría política que coincidió con López Obrador: el nacionalismo revolucionario; entendible porque ambos fueron formados en ese priismo.

Aún así, el PRD se define de izquierda a pesar del Ingeniero y de López. Lo fue por las diversas izquierdas que se integraron en el nuevo partido. Convivir entre corrientes contrapuestas dio pie a discusiones que hicieron crisis entre las corrientes. Su crecimiento electoral está ligado a la deserción de cuadros políticos del PRI, quienes usaron al PRD como plataforma política para ganar elecciones locales y municipales. Hoy todos esos cuadros están en Morena. En el espectro partidario López fue el delfín del Ingeniero. Todavía al final de sus días no pudimos quitarnos el estigma de haber sido el partido que empoderó a López Obrador.

A pesar de la oposición del Ingeniero, el Congreso Nacional aprobó el PRD se sentara a discutir en 1993/1994 con el gobierno de Zedillo para concretar reformas estructurales en materia político electoral, y junto con el PAN, se logró la creación del Instituto Federal Electoral, hoy INE, como organismo autónomo del gobierno.

Cuando AMLO fraguó su salida del PRD, se esmeró en desfondarlo elección tras elección. Desde que una parte del partido planteó en el 2012 que él ya no fuera candidato presidencial, ya estaba construyendo su nuevo movimiento de la mano de Dante Delgado desde Convergencia y luego con el PT. En 2015 obtiene su propio registro como Morena. Quienes antes votaron por el PRD lo empezaron a hacer por el Partido de AMLO. En honor a la verdad tampoco logramos la simpatía de otras y otros votantes, de manera que no obtuvimos los votos suficientes para seguir vigentes.

Me siento triste, pero también enojada. En el PRD pocos leímos lo que en cada elección se comenzó a manifestar: que la caída en las preferencias electorales obligaba a transitar a otro partido, con otro nombre, abrir sus puertas a nuevas personalidades, a la sociedad civil, acorde a las nuevas necesidades del país. En los análisis lo sabíamos, pero no hubo voluntad para el cambio.

En la pérdida del registro del PRD no se puede desobligar a la actual dirección, a las corrientes, y a los liderazgos locales; los errores son señalados por la militancia y forman parte de la historia.

En conclusión: hace mucho se debió reconstruir al PRD, con otro nombre, quitar del partido todo resquicio del nacionalismo revolucionario de los 70s. Porque en honor a la verdad ese, ya existe, es MORENA. Vamos a lo que sigue.