/ viernes 8 de abril de 2022

Taza de Soles | María Asunción Negrete, según Gloria Guevara Lozano 

Hace unas semanas me invitaron a presentar el libro Ruta del corazón de la poeta aguascalentense María Asunción Negrete (1918-1972). Fue todo un acontecimiento para el ámbito cultural de Aguascalientes y para muchos de nosotros una gratísima sorpresa. Quiero confesar que muchos no la conocíamos, porque esta confesión reitera algo que todos intuimos: es muy fácil pasar inadvertido en este mundo pequeño de la literatura y del arte. Pero María Asunción escribió un libro que publicó en 1968, con sus propios recursos, según me contó su hija, Gloria Guevara. Este libro contiene -al decir de Salvador Gallardo Dávalos, autor de uno de los Prólogos del libro “verdadera emoción poética e imágenes creacionistas originales”- y dio la vuelta a Centro y Sudamérica. A la muerte de la escritora, José Arteaga Pedroza, otro de sus prologuistas y amigos, publicó una remembranza de la poeta y destacó la buena acogida que tuvo en Sudamérica, su libro Ventisca, donde la escritora argentina Gloria Arciniegas compara a la escritora aguascalentense con Gabriela Mistral. Afortunadamente, ahora que se cumplieron 50 años del fallecimiento de María Asunción Negrete, sus descendientes, hijos y nietos, se han propuesto rescatarla del olvido y en una edición muy decorosa han publicado los poemas de Ventisca, y le han adjuntado muchos otros versos que la escritora había dejado inéditos. Pero ¿cómo fue que sus versos llegaron a varios países del cono Sur? Me ayuda a aclarar este misterio Gloria Guevara, una de sus hijas, quien, por azares de la vida, nos reconocimos como las condiscípulas que fuimos en la escuela primaria (Colegio Miguel Hidalgo), la noche de la presentación del libro. Por su amabilidad, desayuné en su casa dos semanas después. Cuando llegué ya me tenía reunidos un conjunto de recortes de periódicos, la edición original de Ventisca y estaba dispuesta a contarme todos los recuerdos que conserva de su madre. Gloria me habló de ella, como una mujer acosada por la enfermedad, que escribía de noche, y que asistía al Club de literatura “Revista Azul”, donde fue reconocida y nombrada “Poeta del Año”, poco antes de su fallecimiento. Me mostró algunas fotografías. Me encantó conocer un rostro serio, concentrado, una mujer con lentes y de porte fino, de pie, en algún acto formal. Asistí con Gloria a la recuperación de un momento inolvidable. Me contó que a ella le tocaba acompañarla y que el ambiente de las veladas literarias la sobrecogía. Aún hora se conmueve al recordar a su madre y piensa que quizá no la valoró suficiente en su momento. Esto es lo más usual. El medio social y literario de Aguascalientes (salvo excepciones), tampoco la valoró lo suficiente, la prueba es que ella se dedicó a buscar sus lectores en otros ámbitos y mandó sus libros fuera del país. Hay constancia de que su libro fue recibido y valorado en otras partes. Están las cartas, los recortes de periódicos. Todo para escribir la historia de la literatura en nuestro Estado.

María Asunción, sin pensarlo mucho, dejó una discípula cercana. Gloria dice que no heredó el talento de su madre, pero ha escrito un libro.: Lágrimas calladas. Vivencias de una enfermera. Siguiendo una tradición familiar de autogestión es una edición autorial (2013). Gloria Estela Guevara Lozano concentra en este libro sus vivencias de más de cuarenta años de vida empleados en procurar la salud de sus semejantes. Dice que ella corrió con suerte, porque cuando buscó un corrector de estilo se encontró con el poeta Ricardo Esquer, autor del Prólogo, de él cito estas palabras: “El valor de este libro consiste en compartir algunas de las experiencias más enriquecedoras de esta noble enfermera, presentadas con la humildad de quien sabe que nuestra mayor fortuna se encuentra en la suerte de nuestros semejantes. Sus páginas son, asimismo, un reconocimiento a sus colegas, los médicos y las religiosas con quienes tuvo la buena fortuna de trabajar sin más ambición que la de aprender a servir cada vez mejor”.

El libro tiene 248 páginas, 72 artículos y gran cantidad de fotografías. Su mayor valor está en el lado humano, palpable en cada uno de los artículos. Gloria Estela recorrió todo el Estado en campañas de vacunación, hizo amistad con enfermos y enfermas a quienes atendía en sus domicilios, por sus condiciones de salud. Sus artículos se disfrutan, pues nos hacen imaginar la situación y los personajes. Les comparto uno de los que más me gustaron, se trata del relato titulado “Doña Lupita y el Centauro del Norte”, y está basado en las remembranzas de una anciana tuberculosa, que le contaba su “noviazgo” con Pancho Villa, cuando el General estuvo por Aguascalientes, por motivo de la Convención. Por gratitud, Lupita quedó en heredarle sus escasas pertenecías a la enferma. Solo le pudo dejar sus conversaciones y recuerdos. Gracias, Gloria, muchas gracias.

Hace unas semanas me invitaron a presentar el libro Ruta del corazón de la poeta aguascalentense María Asunción Negrete (1918-1972). Fue todo un acontecimiento para el ámbito cultural de Aguascalientes y para muchos de nosotros una gratísima sorpresa. Quiero confesar que muchos no la conocíamos, porque esta confesión reitera algo que todos intuimos: es muy fácil pasar inadvertido en este mundo pequeño de la literatura y del arte. Pero María Asunción escribió un libro que publicó en 1968, con sus propios recursos, según me contó su hija, Gloria Guevara. Este libro contiene -al decir de Salvador Gallardo Dávalos, autor de uno de los Prólogos del libro “verdadera emoción poética e imágenes creacionistas originales”- y dio la vuelta a Centro y Sudamérica. A la muerte de la escritora, José Arteaga Pedroza, otro de sus prologuistas y amigos, publicó una remembranza de la poeta y destacó la buena acogida que tuvo en Sudamérica, su libro Ventisca, donde la escritora argentina Gloria Arciniegas compara a la escritora aguascalentense con Gabriela Mistral. Afortunadamente, ahora que se cumplieron 50 años del fallecimiento de María Asunción Negrete, sus descendientes, hijos y nietos, se han propuesto rescatarla del olvido y en una edición muy decorosa han publicado los poemas de Ventisca, y le han adjuntado muchos otros versos que la escritora había dejado inéditos. Pero ¿cómo fue que sus versos llegaron a varios países del cono Sur? Me ayuda a aclarar este misterio Gloria Guevara, una de sus hijas, quien, por azares de la vida, nos reconocimos como las condiscípulas que fuimos en la escuela primaria (Colegio Miguel Hidalgo), la noche de la presentación del libro. Por su amabilidad, desayuné en su casa dos semanas después. Cuando llegué ya me tenía reunidos un conjunto de recortes de periódicos, la edición original de Ventisca y estaba dispuesta a contarme todos los recuerdos que conserva de su madre. Gloria me habló de ella, como una mujer acosada por la enfermedad, que escribía de noche, y que asistía al Club de literatura “Revista Azul”, donde fue reconocida y nombrada “Poeta del Año”, poco antes de su fallecimiento. Me mostró algunas fotografías. Me encantó conocer un rostro serio, concentrado, una mujer con lentes y de porte fino, de pie, en algún acto formal. Asistí con Gloria a la recuperación de un momento inolvidable. Me contó que a ella le tocaba acompañarla y que el ambiente de las veladas literarias la sobrecogía. Aún hora se conmueve al recordar a su madre y piensa que quizá no la valoró suficiente en su momento. Esto es lo más usual. El medio social y literario de Aguascalientes (salvo excepciones), tampoco la valoró lo suficiente, la prueba es que ella se dedicó a buscar sus lectores en otros ámbitos y mandó sus libros fuera del país. Hay constancia de que su libro fue recibido y valorado en otras partes. Están las cartas, los recortes de periódicos. Todo para escribir la historia de la literatura en nuestro Estado.

María Asunción, sin pensarlo mucho, dejó una discípula cercana. Gloria dice que no heredó el talento de su madre, pero ha escrito un libro.: Lágrimas calladas. Vivencias de una enfermera. Siguiendo una tradición familiar de autogestión es una edición autorial (2013). Gloria Estela Guevara Lozano concentra en este libro sus vivencias de más de cuarenta años de vida empleados en procurar la salud de sus semejantes. Dice que ella corrió con suerte, porque cuando buscó un corrector de estilo se encontró con el poeta Ricardo Esquer, autor del Prólogo, de él cito estas palabras: “El valor de este libro consiste en compartir algunas de las experiencias más enriquecedoras de esta noble enfermera, presentadas con la humildad de quien sabe que nuestra mayor fortuna se encuentra en la suerte de nuestros semejantes. Sus páginas son, asimismo, un reconocimiento a sus colegas, los médicos y las religiosas con quienes tuvo la buena fortuna de trabajar sin más ambición que la de aprender a servir cada vez mejor”.

El libro tiene 248 páginas, 72 artículos y gran cantidad de fotografías. Su mayor valor está en el lado humano, palpable en cada uno de los artículos. Gloria Estela recorrió todo el Estado en campañas de vacunación, hizo amistad con enfermos y enfermas a quienes atendía en sus domicilios, por sus condiciones de salud. Sus artículos se disfrutan, pues nos hacen imaginar la situación y los personajes. Les comparto uno de los que más me gustaron, se trata del relato titulado “Doña Lupita y el Centauro del Norte”, y está basado en las remembranzas de una anciana tuberculosa, que le contaba su “noviazgo” con Pancho Villa, cuando el General estuvo por Aguascalientes, por motivo de la Convención. Por gratitud, Lupita quedó en heredarle sus escasas pertenecías a la enferma. Solo le pudo dejar sus conversaciones y recuerdos. Gracias, Gloria, muchas gracias.