/ viernes 20 de mayo de 2022

Taza de Soles | Jóvenes y literatura: Matar a un ruiseñor 

Una amiga maestra -Ali Sovied- que nos acompaña a las sesiones de la Sala de lectura Taza de soles, me invitó a participar en una Tertulia literaria con sus alumnos de una escuela primaria. Me dice que la dinámica de leer novelas y generar diálogos y debates con los chicos de doce y trece años está funcionando muy bien en este modelo educativo. El libro a comentar es Matar a un ruiseñor. Leí el libro y me quedé admirada tanto por su contenido, como por el estilo de la escritora, al grado en que me hago esta pregunta: ¿Por qué no había leído una novela que ha sido traducido a más de cuarenta lenguas y que ante todo, es un buen libro?. Dejo la respuesta pendiente para el final de este artículo. La novela fue escrita por Harper Lee (1926-2016), originaria de Monroeville, Alabama, una población pequeña, conservadora, llena de prejuicios, situada en el Sur norteamericano. H. Lee no fue una escritora prolífica, de hecho, solo publicó dos libros en su larga vida. Austera en ese sentido como Juan Rulfo.

“Un buen libro no es el que te dice cómo pensar, sino el que te invita a pensar”, el que te plantea una situación en un momento y en una circunstancia determinadas y te hace reflexionar en tu propio entorno. Un buen libro se caracteriza porque describe y recrea a unos personajes que quizá han pasado por las mismas dudas y peripecias que tú, u otras distintas pero tan reales y vibrantes que te puedes identificar con éstas. En Matar a un ruiseñor, Scout Finch es un personaje de ocho años, que se mueve entre la rebeldía, a causa de los castigos injustos que recibe en la escuela y la comprensión a la que la van induciendo los razonamientos tranquilos y agudos de su padre: “Lo mejor es que si aprendes un sencillo truco, te llevarás mejor con todo tipo de gente” Nunca llegarás a entender realmente a un persona hasta que consideres las cosas desde su punto de vista, hasta que te metas en su piel y camines con ella. La sabiduría del padre (Atticus Finch) es un tipo de conocimiento conseguido fuera de los estándares académicos, y aunque él no establece este sistema como norma común, la novela, a partir de éste y otros personajes insiste en una crítica al pensamiento jerárquico y prepotente, se derive de una lectura literal de la Biblia o una mirada anquilosada y prejuiciosa. El argumento nuclear de la novela se centra en la defensa que Atticus realiza de un hombre negro acusado de violación por una mujer blanca. En un entorno difícil para la comunidad negra, el abogado recurre a su coraje y valentía, para enfrentar el rechazo de la comunidad blanca.

Se trata de un tema fuerte, controversial, visto desde la perspectiva de los niños, concretamente de Scout, que es la narradora ágil, perspicaz y aguda que describe personajes y escenas con precisión e ironía. Esto marca una cercanía con el lector quien aprecia el humor y el suspenso de cada uno de los capítulos y percibe cómo la niña va madurando y se va educando, a través de los regaños de Calpurnia, la cocinera negra, los razonamientos que Atticus intercambia con Jem, el hijo mayor, quien también desea ser abogado, y hasta con las opiniones de personajes secundarios, tan interesantes como la señorita Maude. Con ellos, Atticus discute el sistema penitenciario estadounidense, habla sobre la posibilidad de cambiar la ley ante la duda razonable, o incluso ante la sombra de duda. En fin, la novela se se va afianzando en una mirada cuestionadora, pero también compasiva de unos personajes con distintos puntos de vista y un pensamiento que es la expresión de un personaje heroico y congruente como Atticus: “La vida en comunidad depende de nuestra capacidad y la capacidad de los demás para aceptarnos tal cuál somos y solamente esforzarnos en ser mejores. Nadie es más que nadie; para crecer solo debemos encontrar el camino adecuado”.

Tal vez esta claridad sentenciosa sea la razón por la que la novela no ha entrado de plano en el canon de los libros que promueve la Academia. Otros críticos alegan que el prejuicio tiene que ver con cierto desdén a las obras premiadas por el gusto del público. Por mi parte, pienso en que la novela dio origen también a una premiada y bien hecha película, a la que antes de hacerla le auguraron poco éxito. Pero la aceptación que ha tenido, recuerda que algunos aspectos la hacen comparable al filme Roma de Alfonso Cuarón. Ambas evocan con nostalgia una etapa en la que las relaciones entre sectores de la población, que se podrían considerar separados, se unen en un sentido fraternal y humano. Enhorabuena, Ali, por promover esta lectura entre los jóvenes.

Una amiga maestra -Ali Sovied- que nos acompaña a las sesiones de la Sala de lectura Taza de soles, me invitó a participar en una Tertulia literaria con sus alumnos de una escuela primaria. Me dice que la dinámica de leer novelas y generar diálogos y debates con los chicos de doce y trece años está funcionando muy bien en este modelo educativo. El libro a comentar es Matar a un ruiseñor. Leí el libro y me quedé admirada tanto por su contenido, como por el estilo de la escritora, al grado en que me hago esta pregunta: ¿Por qué no había leído una novela que ha sido traducido a más de cuarenta lenguas y que ante todo, es un buen libro?. Dejo la respuesta pendiente para el final de este artículo. La novela fue escrita por Harper Lee (1926-2016), originaria de Monroeville, Alabama, una población pequeña, conservadora, llena de prejuicios, situada en el Sur norteamericano. H. Lee no fue una escritora prolífica, de hecho, solo publicó dos libros en su larga vida. Austera en ese sentido como Juan Rulfo.

“Un buen libro no es el que te dice cómo pensar, sino el que te invita a pensar”, el que te plantea una situación en un momento y en una circunstancia determinadas y te hace reflexionar en tu propio entorno. Un buen libro se caracteriza porque describe y recrea a unos personajes que quizá han pasado por las mismas dudas y peripecias que tú, u otras distintas pero tan reales y vibrantes que te puedes identificar con éstas. En Matar a un ruiseñor, Scout Finch es un personaje de ocho años, que se mueve entre la rebeldía, a causa de los castigos injustos que recibe en la escuela y la comprensión a la que la van induciendo los razonamientos tranquilos y agudos de su padre: “Lo mejor es que si aprendes un sencillo truco, te llevarás mejor con todo tipo de gente” Nunca llegarás a entender realmente a un persona hasta que consideres las cosas desde su punto de vista, hasta que te metas en su piel y camines con ella. La sabiduría del padre (Atticus Finch) es un tipo de conocimiento conseguido fuera de los estándares académicos, y aunque él no establece este sistema como norma común, la novela, a partir de éste y otros personajes insiste en una crítica al pensamiento jerárquico y prepotente, se derive de una lectura literal de la Biblia o una mirada anquilosada y prejuiciosa. El argumento nuclear de la novela se centra en la defensa que Atticus realiza de un hombre negro acusado de violación por una mujer blanca. En un entorno difícil para la comunidad negra, el abogado recurre a su coraje y valentía, para enfrentar el rechazo de la comunidad blanca.

Se trata de un tema fuerte, controversial, visto desde la perspectiva de los niños, concretamente de Scout, que es la narradora ágil, perspicaz y aguda que describe personajes y escenas con precisión e ironía. Esto marca una cercanía con el lector quien aprecia el humor y el suspenso de cada uno de los capítulos y percibe cómo la niña va madurando y se va educando, a través de los regaños de Calpurnia, la cocinera negra, los razonamientos que Atticus intercambia con Jem, el hijo mayor, quien también desea ser abogado, y hasta con las opiniones de personajes secundarios, tan interesantes como la señorita Maude. Con ellos, Atticus discute el sistema penitenciario estadounidense, habla sobre la posibilidad de cambiar la ley ante la duda razonable, o incluso ante la sombra de duda. En fin, la novela se se va afianzando en una mirada cuestionadora, pero también compasiva de unos personajes con distintos puntos de vista y un pensamiento que es la expresión de un personaje heroico y congruente como Atticus: “La vida en comunidad depende de nuestra capacidad y la capacidad de los demás para aceptarnos tal cuál somos y solamente esforzarnos en ser mejores. Nadie es más que nadie; para crecer solo debemos encontrar el camino adecuado”.

Tal vez esta claridad sentenciosa sea la razón por la que la novela no ha entrado de plano en el canon de los libros que promueve la Academia. Otros críticos alegan que el prejuicio tiene que ver con cierto desdén a las obras premiadas por el gusto del público. Por mi parte, pienso en que la novela dio origen también a una premiada y bien hecha película, a la que antes de hacerla le auguraron poco éxito. Pero la aceptación que ha tenido, recuerda que algunos aspectos la hacen comparable al filme Roma de Alfonso Cuarón. Ambas evocan con nostalgia una etapa en la que las relaciones entre sectores de la población, que se podrían considerar separados, se unen en un sentido fraternal y humano. Enhorabuena, Ali, por promover esta lectura entre los jóvenes.