/ martes 31 de agosto de 2021

No Violencia y No Discriminación Contra Las Mujeres

En 1998, México ratificó el compromiso derivado de la “Convención de Belém Do Paró”, de no violencia y no discriminación, para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer. Tres formas de violencia se prevén: una primer violencia se refiere a la violación de derechos humanos y libertades fundamentales, en la parte dogmática de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el primer párrafo del artículo 1º, señala que “todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución”; una segunda forma, se da a través de la manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres y; la tercer forma, se muestra en todos los sectores sociales, indistintamente de la clase, raza o grupo étnico, nivel de ingresos, cultura, nivel educacional, edad o religión.

A partir de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, se establecieron tres tipos de violencia que generalmente sufren las mujeres de los estados nación convocados; violencias muy comunes en nuestra cultura mexicana, incluso durante muchos años normalizadas: la física, la sexual y la psicológica. De la física, quien no recuerda que, incluso en el seno familiar, fueron parte de las relaciones sistematizadas los jaloneos, empujones o pellizcos; la violencia sexual, también se arraiga en nuestra cultura como formas de convivencia normal, máxime si el estado civil es casada o unión libre, incluso por desdicha esas formas, han sido consentida en mucho de los casos por los propios progenitores y la iglesia (presionadas); en cuanto a la psicológica, desde luego, no fue excepción, la violencia histórica contra la mujer, acciones que van desde humillaciones, amenazas, celos, chantajes, intimidaciones, descalificaciones, indiferencia o hasta ignorar la presencia de la mujer en el propia vivienda familiar.

Los documentos básicos, declaración de principios, programa y estatuto del movimiento de regeneración nacional establecen como propósito de transformación del país, entre otros, promover el conocimiento y la lucha por los derechos de las mujeres, así como promover y organizar foros, conferencias, talleres y otras actividades públicas en defensa de los derechos de las mujeres y para promover su participación política.

Las organizaciones políticas que son financiadas con recursos públicos, constitucionalmente tienen el deber de “fomentar el principio de paridad de género, contribuir a la integración de los órganos de representación política, y como organizaciones ciudadanas, hacer posible su acceso al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan”; en ese orden de compromisos, aplaudimos la entereza de dar vigencia al marco jurídico institucional de nuestro partido morena, para garantizar con acciones afirmativas capacitaciones a efecto de conocer, concientizar y visibilizar los derechos de la mujer aguascalentense.

Ante el contexto social y político que vivimos, son bienvenidos los cursos-taller, como el coordinado el pasado domingo 29 de agosto, por las maestras Leticia Arango y María Félix Aguilera, Secretaría de la Mujer del CEE de morena Aguascalientes y la presidenta Consejo Estatal de morena respectivamente. El curso avalado por INE, llevó el título “identificando al perpetrador de la violencia y abuso de género en la vida política” que lo integraban temas de: violencia política contra las mujeres, desempoderamiento y empoderamiento, democracia paritaria y rueda de control y poder.

El análisis de la no violencia y no discriminación, es un ejercicio que debe marcar la pauta para no permitir más violencia contra las mujeres, ni de familiares, ni de compañeros de trabajo, ni de amistades, ni de compañeros de escuela, ni de periodistas y mucho menos de autoridades o de relaciones jerárquicas en cualquier tipo de modalidades que se presenten.

Generemos oportunidades para afrontar el desafío de “no más violencia”, quizá afrontar no signifique resolver, pero implica una responsabilidad ineludible. Socializar para afrontar, origina toma de conciencia, concientización de donde nacerán sentimientos, energía, curiosidad intelectual y lo más importante, pasión por participar y buscar soluciones contra ese mal lacerante que históricamente arrastran las mujeres mexicanas y la humanidad. Además de identidad con el género, en estos ejercicios, seguros estamos de que todo es respuesta: búsqueda de opiniones, dialogo, acción y amistad. Nuestro reto debe ser, la búsqueda de mejoras de condiciones en las relaciones interpersonales para lograr una vida sin violencia.

P.D. Lamentables y delicadas declaraciones en su calidad de director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, máxima casa de estudio en nuestro país, Iván Ruiz García: “los feminicidios son actos de amor”.

En 1998, México ratificó el compromiso derivado de la “Convención de Belém Do Paró”, de no violencia y no discriminación, para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer. Tres formas de violencia se prevén: una primer violencia se refiere a la violación de derechos humanos y libertades fundamentales, en la parte dogmática de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el primer párrafo del artículo 1º, señala que “todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución”; una segunda forma, se da a través de la manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres y; la tercer forma, se muestra en todos los sectores sociales, indistintamente de la clase, raza o grupo étnico, nivel de ingresos, cultura, nivel educacional, edad o religión.

A partir de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, se establecieron tres tipos de violencia que generalmente sufren las mujeres de los estados nación convocados; violencias muy comunes en nuestra cultura mexicana, incluso durante muchos años normalizadas: la física, la sexual y la psicológica. De la física, quien no recuerda que, incluso en el seno familiar, fueron parte de las relaciones sistematizadas los jaloneos, empujones o pellizcos; la violencia sexual, también se arraiga en nuestra cultura como formas de convivencia normal, máxime si el estado civil es casada o unión libre, incluso por desdicha esas formas, han sido consentida en mucho de los casos por los propios progenitores y la iglesia (presionadas); en cuanto a la psicológica, desde luego, no fue excepción, la violencia histórica contra la mujer, acciones que van desde humillaciones, amenazas, celos, chantajes, intimidaciones, descalificaciones, indiferencia o hasta ignorar la presencia de la mujer en el propia vivienda familiar.

Los documentos básicos, declaración de principios, programa y estatuto del movimiento de regeneración nacional establecen como propósito de transformación del país, entre otros, promover el conocimiento y la lucha por los derechos de las mujeres, así como promover y organizar foros, conferencias, talleres y otras actividades públicas en defensa de los derechos de las mujeres y para promover su participación política.

Las organizaciones políticas que son financiadas con recursos públicos, constitucionalmente tienen el deber de “fomentar el principio de paridad de género, contribuir a la integración de los órganos de representación política, y como organizaciones ciudadanas, hacer posible su acceso al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan”; en ese orden de compromisos, aplaudimos la entereza de dar vigencia al marco jurídico institucional de nuestro partido morena, para garantizar con acciones afirmativas capacitaciones a efecto de conocer, concientizar y visibilizar los derechos de la mujer aguascalentense.

Ante el contexto social y político que vivimos, son bienvenidos los cursos-taller, como el coordinado el pasado domingo 29 de agosto, por las maestras Leticia Arango y María Félix Aguilera, Secretaría de la Mujer del CEE de morena Aguascalientes y la presidenta Consejo Estatal de morena respectivamente. El curso avalado por INE, llevó el título “identificando al perpetrador de la violencia y abuso de género en la vida política” que lo integraban temas de: violencia política contra las mujeres, desempoderamiento y empoderamiento, democracia paritaria y rueda de control y poder.

El análisis de la no violencia y no discriminación, es un ejercicio que debe marcar la pauta para no permitir más violencia contra las mujeres, ni de familiares, ni de compañeros de trabajo, ni de amistades, ni de compañeros de escuela, ni de periodistas y mucho menos de autoridades o de relaciones jerárquicas en cualquier tipo de modalidades que se presenten.

Generemos oportunidades para afrontar el desafío de “no más violencia”, quizá afrontar no signifique resolver, pero implica una responsabilidad ineludible. Socializar para afrontar, origina toma de conciencia, concientización de donde nacerán sentimientos, energía, curiosidad intelectual y lo más importante, pasión por participar y buscar soluciones contra ese mal lacerante que históricamente arrastran las mujeres mexicanas y la humanidad. Además de identidad con el género, en estos ejercicios, seguros estamos de que todo es respuesta: búsqueda de opiniones, dialogo, acción y amistad. Nuestro reto debe ser, la búsqueda de mejoras de condiciones en las relaciones interpersonales para lograr una vida sin violencia.

P.D. Lamentables y delicadas declaraciones en su calidad de director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, máxima casa de estudio en nuestro país, Iván Ruiz García: “los feminicidios son actos de amor”.