/ lunes 6 de diciembre de 2021

Mitad del sexenio

A mitad del sexenio vale la pena hacer un alto en el camino para reflexionar sobre los resultados de la llamada “Cuarta Transformación” y analizar la situación real del país, que pareciera ser ajena a la vista del Titular del Ejecutivo Federal.

En su afán de regresar a un régimen de presidencialismo extremo, el Presidente se ha dedicado al debilitamiento de las instituciones y a gobernar con base en caprichos y obsesiones personales, dejando fuera las verdaderas necesidades que hoy en día enfrenta la población mexicana.

Además del evidente desastre en el manejo de la pandemia por COVID-19, el gobierno ha ido sumando más errores a una larga lista de malas decisiones de política pública. Tres años han sido suficientes para que esta administración acabará con el Seguro Popular, el sistema de abasto y distribución de medicamentos, el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos (Fonden), las estancias infantiles, los fideicomisos para la ciencia y la tecnología, y el Instituto Nacional del Emprendedor, solo por mencionar algunos de los programas que contribuían directamente a mejorar la calidad de vida de las personas.

Durante estos 36 meses, el presidente ha mantenido un discurso constante contra la corrupción, al asegurar que es el principal problema del país, sin embargo, en materia de corrupción, México sigue siendo el país peor evaluado entre los 37 integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y de acuerdo a la información del INEGI, los actos de corrupción por cada 100 mil habitantes pasaron de 25,541 en 2017 a 30,456 en 2019, es decir, 19.2% más.

El combate a la pobreza, otra de sus grandes banderas, ha sido también otro de sus fracasos. La desaparición arbitraria de programas eficaces como el Oportunidades-Prospera que desde el inicio del sexenio fueron sustituidos por estrategias clientelares, hizo que 3.8 millones de mexicanos se sumaran a las filas de la pobreza en tan solo dos años.

Asimismo, a lo largo de esta administración la Fiscalía General de la República ha perdido su autonomía, al olvidar el hacer cumplir la ley para cumplir las revanchas personales del Presidente y proteger los actos de corrupción de su gobierno.

Cada mañana desde Palacio Nacional arremete contra sus “adversarios”, que para el Presidente no solo se trata de la oposición, sino de empresarios, académicos, científicos, feministas, Organismos No Gubernamentales, medios de comunicación e incluso ese gran segmento de nuestra sociedad en donde se cultiva la cultura del esfuerzo, la clase media, a la que ha tachado de “aspiracionista y egoísta”. Lejos de sumar, este gobierno ha apostado a la polarización de la sociedad, a la división y al encono.

Por si eso fuera poco, México ha registrado los dos años más violentos de su historia en los primeros dos años de mandato de López Obrador, con 34,690 víctimas de asesinato en 2019 y 34,558 en 2020, y para colmo, este régimen autoritario ha tenido el control legislativo en ambas cámaras. Legisladores de Morena y sus aliados han reducido el Congreso a una oficialía de partes, debilitando el Congreso de la Unión con sus imposiciones y negativas.

Si bien sus políticas populistas le siguen dando altos niveles de aprobación, los indicadores son claros y nos muestran que en los temas más trascendentales para las y los mexicanos como son la salud, la seguridad, la educación y el crecimiento económico, muestran un claro retroceso. Es claro también que los hogares de clase media se encuentran entre las principales víctimas de las malas decisiones de este sexenio, tanto que su proporción ha venido cayendo durante los primeros años de la administración actual que en 2018 conformaban el 47% del total de hogares mexicanos y en 2020 pasaron a ser el 42%

Este es un rápido recuento, pero hay muchos otros temas que deben ser analizados y buscar un contrapeso antes de que las consecuencias cobren factura. Por eso el compromiso que tenemos los Legisladores y en general toda la sociedad es cuestionar sus acciones, alzar la voz y proponer estrategias que generen un beneficio real para las familias mexicanas.

A mitad del sexenio vale la pena hacer un alto en el camino para reflexionar sobre los resultados de la llamada “Cuarta Transformación” y analizar la situación real del país, que pareciera ser ajena a la vista del Titular del Ejecutivo Federal.

En su afán de regresar a un régimen de presidencialismo extremo, el Presidente se ha dedicado al debilitamiento de las instituciones y a gobernar con base en caprichos y obsesiones personales, dejando fuera las verdaderas necesidades que hoy en día enfrenta la población mexicana.

Además del evidente desastre en el manejo de la pandemia por COVID-19, el gobierno ha ido sumando más errores a una larga lista de malas decisiones de política pública. Tres años han sido suficientes para que esta administración acabará con el Seguro Popular, el sistema de abasto y distribución de medicamentos, el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos (Fonden), las estancias infantiles, los fideicomisos para la ciencia y la tecnología, y el Instituto Nacional del Emprendedor, solo por mencionar algunos de los programas que contribuían directamente a mejorar la calidad de vida de las personas.

Durante estos 36 meses, el presidente ha mantenido un discurso constante contra la corrupción, al asegurar que es el principal problema del país, sin embargo, en materia de corrupción, México sigue siendo el país peor evaluado entre los 37 integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y de acuerdo a la información del INEGI, los actos de corrupción por cada 100 mil habitantes pasaron de 25,541 en 2017 a 30,456 en 2019, es decir, 19.2% más.

El combate a la pobreza, otra de sus grandes banderas, ha sido también otro de sus fracasos. La desaparición arbitraria de programas eficaces como el Oportunidades-Prospera que desde el inicio del sexenio fueron sustituidos por estrategias clientelares, hizo que 3.8 millones de mexicanos se sumaran a las filas de la pobreza en tan solo dos años.

Asimismo, a lo largo de esta administración la Fiscalía General de la República ha perdido su autonomía, al olvidar el hacer cumplir la ley para cumplir las revanchas personales del Presidente y proteger los actos de corrupción de su gobierno.

Cada mañana desde Palacio Nacional arremete contra sus “adversarios”, que para el Presidente no solo se trata de la oposición, sino de empresarios, académicos, científicos, feministas, Organismos No Gubernamentales, medios de comunicación e incluso ese gran segmento de nuestra sociedad en donde se cultiva la cultura del esfuerzo, la clase media, a la que ha tachado de “aspiracionista y egoísta”. Lejos de sumar, este gobierno ha apostado a la polarización de la sociedad, a la división y al encono.

Por si eso fuera poco, México ha registrado los dos años más violentos de su historia en los primeros dos años de mandato de López Obrador, con 34,690 víctimas de asesinato en 2019 y 34,558 en 2020, y para colmo, este régimen autoritario ha tenido el control legislativo en ambas cámaras. Legisladores de Morena y sus aliados han reducido el Congreso a una oficialía de partes, debilitando el Congreso de la Unión con sus imposiciones y negativas.

Si bien sus políticas populistas le siguen dando altos niveles de aprobación, los indicadores son claros y nos muestran que en los temas más trascendentales para las y los mexicanos como son la salud, la seguridad, la educación y el crecimiento económico, muestran un claro retroceso. Es claro también que los hogares de clase media se encuentran entre las principales víctimas de las malas decisiones de este sexenio, tanto que su proporción ha venido cayendo durante los primeros años de la administración actual que en 2018 conformaban el 47% del total de hogares mexicanos y en 2020 pasaron a ser el 42%

Este es un rápido recuento, pero hay muchos otros temas que deben ser analizados y buscar un contrapeso antes de que las consecuencias cobren factura. Por eso el compromiso que tenemos los Legisladores y en general toda la sociedad es cuestionar sus acciones, alzar la voz y proponer estrategias que generen un beneficio real para las familias mexicanas.

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