/ viernes 12 de noviembre de 2021

Historia de cinco poemas y una pintura

“Tiempos de hacerse a la mar en un barco de vela” es un pequeño proyecto de escritura de poemas que me surgió a mediados del 2020 en los meses más álgidos de la pandemia. Decidí participar en el Certamen “Paréntesis”, convocado por el ICA, cuando una de mis hijas estaba en el hospital dando la batalla para superar un segundo ataque de Covid 19. Confieso que en mis cinco poemas hay una deliberada intención de hacer frente a la incertidumbre y la angustia a través de las palabras y la imaginación. El título está inspirado en una de los cuentos más alucinantes que he leído, que pertenece al dominio popular: y que versa sobre una mujer de raza negra que sale de la prisión dibujando un barco de vela en las húmedas paredes de su cárcel: “La mulata de Córdoba”.

Con esa idea en mente escribí los poemas: “Tiempos de hacerse a la mar en un barco de vela”, “Tiempos de escuchar”, “Tiempos de hablar de otras historias”, “Tiempo de (abstenerse) de abrazos” y Lo que no me gusta y lo que me gusta de este tiempo”. Como ven, son poemas que, centrados en esta contingencia, intentan abarcar varios aspectos, empezando con la declaración de hacer frente a estas situaciones estresantes de la mejor manera: “He decidido que este mes seamos/ un misterio fragante y oloroso/ para limpiar al mundo/ de explosiones y muertes.”. luego, hice un poema dedicado a explorar el tiempo interior de la escucha de nosotros mismos que se ha intensificado a causa del confinamiento y la angustia”[…] y siento que Dios puede ser ese pájaro que picotea mi corazón/ trina y trina incansable hasta horadar un silencioso túnel/ un oscuro agujero donde caben/ mis preguntas, mis dudas, todas mis inquietudes/ abro los oídos a los trinos/ les entrego mi sueño/ y el silencio me dice “no te turbes, espera”. En el poema donde propongo que hablemos de otras historias, afirmo que es bueno hacer varias cosas muy simples:” dar vuelta a la cuadra/ contemplando arriates florecidos/ en casas abandonadas/ observar los insectos/ hablar de los gorriones/ levantar la cartografía de nuestros sueños/ porque no queremos hablar del mundo derrumbándose//.

Y hablando del tiempo del tiempo de los sueños y los ensueños, que en mi caso linda ligeramente con la pesadilla, redacté la recreación de un sueño tan vivido que lo pude transcribir tal cual al despertar. “Nos echamos encima de una cama de sábanas revueltas/ y estamos encontrando el ritmo de los astros cuando nos interrumpen/. Son ánimas en pena: “hace tanto tiempo que no lo ven”. // Nos separamos/ con rabia contenida lo persigo por las habitaciones/ mientras habla con ellos (amigos o parientes) / con todo el cuerpo como un solo corazón insosegado/ me recuesto a su lado y muerdo la punta de su oreja/ Despierto. He mordido la almohada.

Para concluir de manera provisional, realizo un recuento de los aspectos negativos, pero también de lo positivo que hemos encontrado en estos tiempos. Lo que no me gusta es obvio y elemental, lo comparto con todo el mundo y apenas hago un pequeño inventario. Ahora les comparto lo que hasta ese momento había encontrado como positivo. (los poemas se publicaron a finales del 2020 y llegaron a nosotros en los primeros meses de este año) Lo que me gusta/ que mi esposo se volvió amigo de los pájaros/ de los simples gorriones/ que se volvió aficionado de la siembra de jitomates en maceta/ que ha estado de buen humor/ que a los dos nos ha paciencia de no sé dónde/ que disfrutamos de salir a la puerta por las tardes/ añorando la playa/ pero contentos de ver las nubes en el horizonte/.

Me gusta que he tenido más sueños eróticos que en otras épocas/ que en mis sueños he vuelto a ser joven. / No sé si será porque todos nos hablan de la muerte/ que hemos vuelto a apasionarnos por la vida//

En los primeros meses de este año recibí un mensaje de parte de un artista plástico: Alejandro Swain, en el que hablaba del proyecto de ilustrar los procesos creativos a que la pandemia hubiera dado lugar. Me preguntó si yo tenía algo al respecto, y yo que acababa de recibir el libro, donde están publicados mis poemas, al lado de los de personas como Nancy García Gallegos y Mario Frausto Grande, acepté con su propuesta. El resultado lo acabamos de presentar en la Taza de soles. Es un hermoso cuadro, donde resalta como elemento central una cama, que surca un mar y donde otros elementos alcanzan espacios protagónicos. Un corazón sobre el que se posa un pájaro, y las velas que representan los difuntos. Un papel en blanco para ser llenado con poemas apunta hacia el futuro.

“Tiempos de hacerse a la mar en un barco de vela” es un pequeño proyecto de escritura de poemas que me surgió a mediados del 2020 en los meses más álgidos de la pandemia. Decidí participar en el Certamen “Paréntesis”, convocado por el ICA, cuando una de mis hijas estaba en el hospital dando la batalla para superar un segundo ataque de Covid 19. Confieso que en mis cinco poemas hay una deliberada intención de hacer frente a la incertidumbre y la angustia a través de las palabras y la imaginación. El título está inspirado en una de los cuentos más alucinantes que he leído, que pertenece al dominio popular: y que versa sobre una mujer de raza negra que sale de la prisión dibujando un barco de vela en las húmedas paredes de su cárcel: “La mulata de Córdoba”.

Con esa idea en mente escribí los poemas: “Tiempos de hacerse a la mar en un barco de vela”, “Tiempos de escuchar”, “Tiempos de hablar de otras historias”, “Tiempo de (abstenerse) de abrazos” y Lo que no me gusta y lo que me gusta de este tiempo”. Como ven, son poemas que, centrados en esta contingencia, intentan abarcar varios aspectos, empezando con la declaración de hacer frente a estas situaciones estresantes de la mejor manera: “He decidido que este mes seamos/ un misterio fragante y oloroso/ para limpiar al mundo/ de explosiones y muertes.”. luego, hice un poema dedicado a explorar el tiempo interior de la escucha de nosotros mismos que se ha intensificado a causa del confinamiento y la angustia”[…] y siento que Dios puede ser ese pájaro que picotea mi corazón/ trina y trina incansable hasta horadar un silencioso túnel/ un oscuro agujero donde caben/ mis preguntas, mis dudas, todas mis inquietudes/ abro los oídos a los trinos/ les entrego mi sueño/ y el silencio me dice “no te turbes, espera”. En el poema donde propongo que hablemos de otras historias, afirmo que es bueno hacer varias cosas muy simples:” dar vuelta a la cuadra/ contemplando arriates florecidos/ en casas abandonadas/ observar los insectos/ hablar de los gorriones/ levantar la cartografía de nuestros sueños/ porque no queremos hablar del mundo derrumbándose//.

Y hablando del tiempo del tiempo de los sueños y los ensueños, que en mi caso linda ligeramente con la pesadilla, redacté la recreación de un sueño tan vivido que lo pude transcribir tal cual al despertar. “Nos echamos encima de una cama de sábanas revueltas/ y estamos encontrando el ritmo de los astros cuando nos interrumpen/. Son ánimas en pena: “hace tanto tiempo que no lo ven”. // Nos separamos/ con rabia contenida lo persigo por las habitaciones/ mientras habla con ellos (amigos o parientes) / con todo el cuerpo como un solo corazón insosegado/ me recuesto a su lado y muerdo la punta de su oreja/ Despierto. He mordido la almohada.

Para concluir de manera provisional, realizo un recuento de los aspectos negativos, pero también de lo positivo que hemos encontrado en estos tiempos. Lo que no me gusta es obvio y elemental, lo comparto con todo el mundo y apenas hago un pequeño inventario. Ahora les comparto lo que hasta ese momento había encontrado como positivo. (los poemas se publicaron a finales del 2020 y llegaron a nosotros en los primeros meses de este año) Lo que me gusta/ que mi esposo se volvió amigo de los pájaros/ de los simples gorriones/ que se volvió aficionado de la siembra de jitomates en maceta/ que ha estado de buen humor/ que a los dos nos ha paciencia de no sé dónde/ que disfrutamos de salir a la puerta por las tardes/ añorando la playa/ pero contentos de ver las nubes en el horizonte/.

Me gusta que he tenido más sueños eróticos que en otras épocas/ que en mis sueños he vuelto a ser joven. / No sé si será porque todos nos hablan de la muerte/ que hemos vuelto a apasionarnos por la vida//

En los primeros meses de este año recibí un mensaje de parte de un artista plástico: Alejandro Swain, en el que hablaba del proyecto de ilustrar los procesos creativos a que la pandemia hubiera dado lugar. Me preguntó si yo tenía algo al respecto, y yo que acababa de recibir el libro, donde están publicados mis poemas, al lado de los de personas como Nancy García Gallegos y Mario Frausto Grande, acepté con su propuesta. El resultado lo acabamos de presentar en la Taza de soles. Es un hermoso cuadro, donde resalta como elemento central una cama, que surca un mar y donde otros elementos alcanzan espacios protagónicos. Un corazón sobre el que se posa un pájaro, y las velas que representan los difuntos. Un papel en blanco para ser llenado con poemas apunta hacia el futuro.