/ sábado 7 de julio de 2018

H O M E O P A T Í A “Enfermedades Psicosomáticas”

Los factores psicológicos pueden contribuir directa o indirectamente con la causa de diversos trastornos físicos. En otros casos los síntomas mentales pueden ser la expresión directa de una lesión que afecta a órganos neurales o glándulas. Los síntomas físicos pueden deberse a estrés. El término psicosomático abarca todas esas posibilidades, pero llama la atención las interrelaciones de los síntomas mentales con la enfermedad corporal.

También los factores psicológicos entran dentro de lo que se llama enfermedad biopsicosocial, para ser el gatillo que desencadene enfermedades que ya tienen un sustrato genético, donde puede haber causas múltiples, por ejemplo un paciente con un componente biológico (tendencia hereditaria a la diabetes mellitus) que al combinarse con reacciones psicológicas (por ejemplo, depresión) y con un estrés social (pérdida de su trabajo), da lugar a un conjunto de circunstancias suficientes para desarrollar la enfermedad.

En éste caso los acontecimientos ambientales estresantes y las reacciones psicológicas, pueden considerarse desencadenantes de la enfermedad.

La importancia de los factores psicológicos varía en los diferentes pacientes con un mismo trastorno (por ejemplo: un paciente con asma, en que los factores genéticos, la alergia y la infección, así como las emociones, interactúan en grados variables, para manifestar la enfermedad).

Es sabido que el estrés puede desencadenar o alterar el curso de enfermedades, incluso importantes. Resulta evidente que las emociones pueden afectar el sistema nervioso autónomo y de forma secundaria a la frecuencia cardiaca (palpitaciones), a la sudoración, al peristaltismo, etc. La psiconeuroinmunología ha demostrado la interrelación de las reacciones que afectan a la mente y a la respuesta inmune (de defensa del organismo), de ahí que en un paciente con estrés, depresión o ansiedad, bajen sus defensas y sea más propicio a infecciones.

El estrés psicosocial produce conflictos y requiere una respuesta adaptativa, puede presentarse enmascarado con los síntomas de una enfermedad física. A menudo las alteraciones emocionales pasan inadvertidas o son negadas por el paciente y pueden formar parte de síntomas conversivos, en el cual el paciente, de forma inconsciente, transforma los conflictos psíquicos y la ansiedad en un síntoma físico (somático). Cualquier síntoma puede aparecer como conversivo, pero es más común el dolor (en cara, en cabeza, dolor abdominal, cólico menstrual, etc.).

Hay pacientes que ya han experimentado el dolor previamente y ante el estrés psicosocial, el síntoma reaparece: ejemplo como una fractura antigua dolorosa, una angina de pecho, etc.

Sea que las reacciones psicológicas desencadenen una enfermedad latente hereditariamente, o se encuentre asociada a ella, o bien tiendan a perpetuarla o agravarla como una enfermedad psicosomática o una conversión, es necesario que el paciente acuda a un tratamiento en donde se le vea integralmente cuerpo y mente, relacionado su sintomatología anímica o mental con la física, para hacerle consciente lo que muchas de las veces está inconsciente para él, es decir de la forma que él está siendo una parte activa para desencadenar, agravar o perpetuar su enfermedad.

En medicina homeopática hacemos esta integración en cada paciente que recibimos y además se le da un medicamento, el cual actúa en esta forma mental y física, para poderlo llevar de forma natural a su equilibrio y a su curación.

Comentarios al teléfono 9-15-39-16 o escribir al correo electrónico josedarriaga@yahoo.com.mx


Los factores psicológicos pueden contribuir directa o indirectamente con la causa de diversos trastornos físicos. En otros casos los síntomas mentales pueden ser la expresión directa de una lesión que afecta a órganos neurales o glándulas. Los síntomas físicos pueden deberse a estrés. El término psicosomático abarca todas esas posibilidades, pero llama la atención las interrelaciones de los síntomas mentales con la enfermedad corporal.

También los factores psicológicos entran dentro de lo que se llama enfermedad biopsicosocial, para ser el gatillo que desencadene enfermedades que ya tienen un sustrato genético, donde puede haber causas múltiples, por ejemplo un paciente con un componente biológico (tendencia hereditaria a la diabetes mellitus) que al combinarse con reacciones psicológicas (por ejemplo, depresión) y con un estrés social (pérdida de su trabajo), da lugar a un conjunto de circunstancias suficientes para desarrollar la enfermedad.

En éste caso los acontecimientos ambientales estresantes y las reacciones psicológicas, pueden considerarse desencadenantes de la enfermedad.

La importancia de los factores psicológicos varía en los diferentes pacientes con un mismo trastorno (por ejemplo: un paciente con asma, en que los factores genéticos, la alergia y la infección, así como las emociones, interactúan en grados variables, para manifestar la enfermedad).

Es sabido que el estrés puede desencadenar o alterar el curso de enfermedades, incluso importantes. Resulta evidente que las emociones pueden afectar el sistema nervioso autónomo y de forma secundaria a la frecuencia cardiaca (palpitaciones), a la sudoración, al peristaltismo, etc. La psiconeuroinmunología ha demostrado la interrelación de las reacciones que afectan a la mente y a la respuesta inmune (de defensa del organismo), de ahí que en un paciente con estrés, depresión o ansiedad, bajen sus defensas y sea más propicio a infecciones.

El estrés psicosocial produce conflictos y requiere una respuesta adaptativa, puede presentarse enmascarado con los síntomas de una enfermedad física. A menudo las alteraciones emocionales pasan inadvertidas o son negadas por el paciente y pueden formar parte de síntomas conversivos, en el cual el paciente, de forma inconsciente, transforma los conflictos psíquicos y la ansiedad en un síntoma físico (somático). Cualquier síntoma puede aparecer como conversivo, pero es más común el dolor (en cara, en cabeza, dolor abdominal, cólico menstrual, etc.).

Hay pacientes que ya han experimentado el dolor previamente y ante el estrés psicosocial, el síntoma reaparece: ejemplo como una fractura antigua dolorosa, una angina de pecho, etc.

Sea que las reacciones psicológicas desencadenen una enfermedad latente hereditariamente, o se encuentre asociada a ella, o bien tiendan a perpetuarla o agravarla como una enfermedad psicosomática o una conversión, es necesario que el paciente acuda a un tratamiento en donde se le vea integralmente cuerpo y mente, relacionado su sintomatología anímica o mental con la física, para hacerle consciente lo que muchas de las veces está inconsciente para él, es decir de la forma que él está siendo una parte activa para desencadenar, agravar o perpetuar su enfermedad.

En medicina homeopática hacemos esta integración en cada paciente que recibimos y además se le da un medicamento, el cual actúa en esta forma mental y física, para poderlo llevar de forma natural a su equilibrio y a su curación.

Comentarios al teléfono 9-15-39-16 o escribir al correo electrónico josedarriaga@yahoo.com.mx